¿Tú sabes qué fue lo que te hizo elegir a tu novio o a tu novia? Esta es una pregunta clave para el éxito o el fracaso de tu relación de noviazgo. La mayoría de los jóvenes, ante esta pregunta, lo primero que responde es que su novio o su novia les “movió el tapete”, haciendo referencia a lo físico, y esto no es que este mal, el mismo Juan Pablo II les decía a los jóvenes que, la atracción física, es parte del vínculo que me lleva a querer conocer a la otra persona.

A esto se le llama concupiscencia, que es el deseo por el otro, pero no nos podemos limitar al deseo, estamos llamados al Amor benevolente, el cual es el que ejercita la voluntad y la capacidad de amar, pues ya no es un “te deseo como un bien”, sino que “deseo tu bien”. Por eso, te queremos dar algunas claves para tomar una buena decisión y puedas iniciar una relación de noviazgo sana y enriquecedora con un futuro prometedor.

El primer paso es tener consciencia de ¿quién soy? ¿qué quiero? y ¿hacia dónde voy? Primero debes tenerlo claro para ti y, luego, tenerlo claro como pareja, pregúntense ¿Qué somos? ¿Amigovios, my free, mi ligue, mi cruch? Ya que no se trata sólo de un título, sino del compromiso que asumen ambas partes, para entonces saber qué queremos y hacia dónde nos dirigimos. Saber qué somos y hacia dónde vamos, da seguridad y dirección a la persona y a la relación.

Lo segundo es el autoconocimiento. Esto es clave de la autoestima, el otro no puede ser tu media naranja, sino tu naranja completa; así mismo, tú tampoco puedes ser la mitad de nadie sino el complemento que enriquece y aprende también del otro. La conquista de nuestra persona es diaria, al igual que la de nuestra pareja, por esta razón, es fundamental conocer al otro para poder amarlo verdaderamente.

El Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica “Amoris Leticia”, dice: “Aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa ni puede ser el objetivo de un breve curso previo a la celebración del matrimonio. En realidad, cada persona se prepara para el matrimonio desde su nacimiento”. Por ello, se deben de tomar en cuenta algunos aspectos que hablan de qué tanto conoces verdaderamente a la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida. 

Algunos de estos aspectos son: el contexto familiar y social en el que se desenvuelve, qué tanto participas de la convivencia con sus familiares y amigos, pues ellos forman parte de la vida de tu pareja y hasta de sus creencias, comportamientos y tradiciones; qué tipo de educación recibió, qué valores y convicciones le han inculcado en su casa y que te diferencian de tu pareja y que son innegociables para ti, saber si comparten un proyecto de vida juntos, etc. 

Tristemente, la mayoría de los fracasos matrimoniales se dan como consecuencia de una relación deteriorada desde el noviazgo. La clave no es sólo la atracción física, sino en el conocimiento verdadero del otro, en una sana autoestima, en el compartir un proyecto de vida en común, y sobretodo, en la capacidad real para Amar en Verdad al otro, deseando y provocando su Bien.