Dios no quiere la muerte del pecador, sino que viva para siempre. Muchas veces pensamos que Dios nos ve feo cuando estamos en el pecado, pero hoy te digo que no es así, Dios siempre te ve con amor. El problema es que, aunque Dios nos ama y nos perdona, a nosotros mismos nos cuesta muchísimo trabajo perdonarnos y por ello no logramos ser felices. Hoy te digo cómo puedes lograrlo.

Quiero reflexionar el texto del Profeta Ez 18, 21-28:

Esto dice el Señor: “Si el pecador se arrepiente de los pecados cometidos, guarda mis preceptos y practica la rectitud y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá; no me acordaré de los delitos que cometió; vivirá a causa de la justicia que practicó. ¿Acaso quiero yo la muerte del pecador, dice el Señor, y no más bien que enmiende su conducta y viva?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere; muere por la maldad que cometió. Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se aparta de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá”.

Que hermoso texto, donde Dios nos dice que no importa lo que hayamos hecho, sino que lo que importa es que nos arrepintamos de corazón, acudamos a Él y nos dejemos seducir por su Misericordia. Estas palabras las dice el profeta Ezequiel durante el tiempo del destierro babilónico, cuando el pueblo se encontraba en una penumbra total. Su situación personal y comunitaria los hacía experimentar la aparente lejanía de Dios, aunque en realidad, Dios no estaba lejos de ellos, sino que ellos así se sentían por sus pecados.

La felicidad siempre es posible, ya que la conversión siempre es posible. Dios siempre da segundas oportunidades para cambiar de vida y ser mejores, por ello hoy se nos dice que Dios borra el pasado de quien se arrepiente de su pecado. Dios lo borra y lo hace para siempre, pero ¿Por qué si Dios borra nuestro pecado y nos perdona, no nos sentimos felices? La respuesta está en que a los hombres nos cuesta mucho perdonarnos a nosotros mismos. Nos enganchamos en nuestro pasado, nos lastimamos, sufrimos y no somos felices.

Te doy tres consejos para que puedas perdonarte a ti mismo y no sufras más:

Experimenta la infinita Misericordia de Dios:

Si partimos del principio de que “nadie da lo que no tiene”, no puedes ser misericordioso contigo y perdonarte de tus faltas y errores, si antes no lo has experimentado. Para poder iniciar el proceso de perdón para nosotros mismos, debemos dejarnos amar por Dios, debemos atrevernos a soltar nuestro enganche al pasado.

Al terminar el año de la Misericordia, El Papa Francisco escribió en la Carta Apostólica “Misericordia et Misera” lo siguiente:

Nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios queda sin el abrazo de su perdón. Por este motivo, ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia; ella será siempre un acto de gratuidad del Padre celeste, un amor incondicionado e inmerecido. No podemos correr el riesgo de oponernos a la plena libertad del amor con el cual Dios entra en la vida de cada persona. La misericordia es esta acción concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida. Así se manifiesta su misterio divino. La misericordia suscita alegría porque el corazón se abre a la esperanza de una vida nueva.

Sé humilde, aprender del fracaso y no temas comenzar de nuevo:

Decía Bill Gates: “Está bien celebrar el éxito, pero es más importante prestar atención a las lecciones del fracaso”. Cuando no queremos soltar ni desengancharnos de la herida que traemos, cuando no queremos perdonarnos por el error que, cometidos, no importante la gravedad del hecho, es un signo de una soberbia oculta, ya que puede más nuestro orgullo de experimentarnos frágiles que la humildad de reconocer el infinito amor y perdón de Dios. Todos fallamos y debemos aprender a comenzar siempre de nuevo.

Recuerda lo que dice San Pablo en Rm 8, 28: “Todo sirve para bien de aquel que ama al Señor”. No tengas miedo a comenzar de nuevo, hasta que no aceptes con humildad tu error y no sueltes el pasado, no podrás ser feliz y caminar con alegría.

Descubre la misión que tienes después de tu pecado:

A muchos les pesan enormemente sus pecados, su pasado o sus errores. Se pasan la vida queriendo ocultarlos y borrarlos de su mente y de su corazón. Pero lo que hoy te voy a decir es muchas veces en tu historia encuentras tu misión, es decir, pregúntate cuál ha sido tu pecado recurrente, tus errores continuos, y a lo mejor ahí Dios quiere comunicarte algo.

Por ejemplo: conocí y me tocó ayudar a una joven que abortó a su bebé por una situación muy difícil. Estaba enganchada en su error y en su herida, pero después de aceptar la misericordia que Dios le ofrecía, descubrió que la llamaba a ser una mujer defensora de la vida. Hoy, ella trabaja incansablemente por defender la vida y salvar a muchos bebés que quieren ser abortados. Por lo tanto, recuerda siempre, en tu historia encuentras tu misión.

Ánimo, si ya experimentaste la Misericordia de Dios, Él ya te perdonó, ¿Por qué no perdonarte tú?