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Tres cambios radicales en San Pablo con su conversión, te ayudarán bastante.

No hay peor ciego que aquel no quiere ver, dice el dicho. Y creo que es muy cierto, llevamos muchas vendas que cubren nuestros ojos, que nos incapacitan para descubrir la belleza del mundo, la felicidad de la vida y la luz que ilumina nuestro camino. Hoy celebramos la conversión de San Pablo, fiesta que nos debe motivar a dejarnos transformar por el encuentro con Jesús Resucitado, tal como le sucedió a Pablo.

Sabemos que el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra en tres ocasiones distintas cuando Jesús lo tumbó del caballo, en aquella aparición mientras que Pablo iba rumbo a Damasco.

La conversión de San Pablo nos invita a la esperanza, a la confianza en Jesús, a quien no lo importa nuestro pasado, sino que él nos mira siempre con amor y nos lanza al futuro para que seamos testigos evangelizadores de su perdón, de su amor y de su presencia. Siempre nos alcanza en donde quiera que estamos, siempre nos sale al encuentro para manifestarnos su amor y su perdón.

Sabemos que Pablo, antes de su conversión, a quien se le conocía como Saulo, pertenecía a los fariseos y era conocedor de la ley y la cumplía a la perfección, pero era incapaz de reconocer a Jesús. Sabemos también que pertenecía a una familia muy creyente y, religiosamente hablando, muy comprometida. Tiene un bagaje cultural muy amplio, pues conoce tres culturas diferentes y tiene contacto con ellas. Es de origen judío, pero vivía fuera de Jerusalén. Era un hombre trabajador, responsable, aguerrido, sincero, leal, apasionado, dedicado… pero le faltaba encontrarse con Jesús para quedar verdaderamente transformado.

Escuchamos que, en el encuentro con Cristo Resucitado, quedó ciego, aunque podemos decir que mucho tiempo antes ya estaba ciego en su interior, porque el mundo lo tenían encandilado, estaba deslumbrado por las cosas mundanas, y estando en esa situación, Jesús le sale al encuentro, al igual que nos sale a cada uno de nosotros, para liberarnos de nuestra ceguera interior. Muchas cosas nos perturban, acaparan nuestra atención y nos hacen estar distraídos de las cosas que verdaderamente importan.

Es muy importante saber que no debemos conformarnos con el conocimiento teórico que tengamos de Dios, ya que el conocimiento hincha la cabeza, pero deja hueco el corazón. Se corre el riesgo de llenarnos de soberbia. Todos estamos llamados a encontrarnos con Jesús Resucitado, con el único que le da sentido a toda nuestra existencia y ese encuentro lo debemos actualizar todos los días a través de su Palabra y de su Gracia.

Saulo hacía todas las cosas bien según la ley, la cumplía a la perfección, pero le faltaba encontrarse con Jesús. Muchas veces, a nosotros nos puede pasar lo mismo, hacer las “cosas bien”, pero hasta ahí, nuestros actos no transcienden, pensamos que sólo el hacer buenas obras me dará la felicidad, y lo primero, antes de las buenas obras, es dejarme transformar radicalmente por Cristo Jesús.

Cuando Jesús se encuentra con San Pablo le suceden muchos cambios, por ejemplo:

  • Le transforma su pensamiento, a tal grado que en su Carta a los Filipenses dice que “tiene todo por basura con tal de ganar a Cristo”. Su escala de valores cambió radicalmente cuando encontró en el Señor la verdadera fuente del amor y de su felicidad. Lo que antes tenía por valioso, al conocer a Jesús, pasó a último término.
  • Cambió la visión que tenía del hombre, ya que antes de su conversión era alguien muy pesimista, le tocó presenciar la muerte que le dieron a Esteban y pudiera ser que él fuera cómplice, después de su conversión se dedicaba a restaurar la dignidad del hombre, predicaba siempre a favor de todos los hombres.
  • El encuentro con Cristo le inspira a dar una respuesta libre a Dios, aquí está la sinceridad de su conversión, que deja su mundo atrás para ir hacer lo que Dios quiere que haga.

Una cosa que nunca debemos olvidar, puesto que nos va a dar esperanza, es que una vez que entró en la ciudad, la ceguera le duró unos días, hasta que llegó Ananías y le impuso las manos en los ojos y recuperó la vista. Esto es un gesto con mucha enseñanza para nosotros, la claridad no se da de golpe, sino que la vamos adquiriendo poco a poco. No hay que desesperarnos, simplemente hay que abrirle el corazón a Jesús y Él se encarga de lo demás.

Podemos concluir que Pablo fue un discípulo con un profundo amor a Dios, un testigo fiel del Señor, un hombre de Iglesia, comprometido, emprendedor, sin cobardía; pero, sobre todo, enamorado de Cristo.

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