Hace unas semanas me encontraba platicando con una joven que estaba muy triste y sacada de onda porque no entendía por qué Dios estaba permitiendo unas calumnias en su vida. Es una joven muy entregada, que se esfuerza todos los días por ser fiel al Señor, que lleva un noviazgo ejemplar, sin embargo, al experimentar la persecución le costaba trabajo entenderla.

Creo que hoy, muy providencialmente, escucharemos un trozo de la carta de San Pablo a los romanos, en donde veremos que no hay nada que nos pueda separar de Cristo y que Él mismo nos defenderá. Vamos a reflexionar en Rm 8, 31-35. 37-39:

Hermanos: si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros? ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.

Muchas veces tenemos la falsa creencia que al seguir a Jesús todo en el camino será color de rosa, pero no es así. Cuando uno se dispone a seguir a Jesús de una manera fiel y coherente, habrá seguramente persecuciones, dificultades, zancadillas, etc. Sin embargo, lo interesante que nos recuerda Pablo es que nada nos puede separar del amor de Cristo.

En la medida en que estemos fielmente adheridos a Jesús y cuánto más fuerte sea nuestro amor a Él, más podremos resistir a los embates del enemigo. Cuando nosotros le damos cabida al mal, cuando nos dejamos llevar por las críticas, cuando actuamos queriendo agradar al mundo entero, cuando basamos nuestra vida cristiana en la buena fama ante los demás, en ese momento dejaremos de agradar a Cristo.

El demonio buscará presentarnos siempre ocasiones para apartarnos del Señor, y una muy sutil es querer agradar a todos, querer que siempre se hable bien de mí, buscar el aplauso y el reconocimiento en todo lo que hago, etc. Debemos siempre preocuparnos y ocuparnos por agradar únicamente a Jesús, lo cual nos llevará a ser presa de las críticas, pero no nos podemos desanimar.

Si hoy estás pasando por dificultades, qué hermoso lo que hoy nos dice Pablo: “si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra?”, “de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado”. No hay que desanimarnos y darle cabido a la tristeza en nuestro corazón. Recuerda que Dios mira siempre nuestro interior y el fruto de nuestra entrega, él lo ve y lo recompensa con frutos abundantes.

Si reconoces que las pruebas que has pasado y que has experimentado te han tumbado, es momento de fortalecer nuestra fe en Dios, confiar totalmente en él y aumentar nuestro amor al Señor, para no dejarnos llevar por las dificultades y salir victoriosos en las pruebas. Recuérdalo muy bien, nada ni nadie nos puede separar del amor de Cristo, no le des el poder de tu vida a los problemas o las dificultades, tienes un Dios que ha muerto por ti en la cruz y te dará la fuerza necesaria para salir victorioso.