Cuando todo nos sale mal en la vida o cuando los problemas nos hacen desesperarnos es muy fácil que nos debilitemos en la fe y dejemos de confiar en el Señor. Hoy el Evangelio nos recuerda que Jesús les dijo a sus discípulos que serían revestidos de una fuerza interior que los convertiría en auténticos testigos de su amor, esta fuerza es el Espíritu Santo.

Quiero reflexionar en el Evangelio de Jn. 15, 26-16, 4a:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo”.

El Señor no nos promete un camino sin dificultades, pero lo que sí nos promete es la fuerza del Espíritu para poder dar testimonio a la hora de la prueba. El Espíritu es presentado como el Paráclito, en griego “para-cletos”, es decir, el defensor o el abogado.

Hoy se nos invita a dar testimonio con nuestra vida, aunque muchas veces, el testimonio cristiano incluye sufrimiento y martirio. Si somos auténticos discípulos del Señor, las dificultades estarán siempre presentes, pero no debemos dudar, pues hoy se nos recuerda que tenemos un defensor a nuestro lado.

Recordemos que dar la vida por Cristo, es decir, tener la valentía de dar testimonio de Cristo, no sólo se alcanza con la muerte física, sino que martirio es la entrega diaria por amor a Dios, en donde debemos de estar dispuestos a morir por nuestra fe. Si Dios no nos concede el martirio físico, también podemos morir todos los días en silencio, en la oración, en la perfecta obediencia, en el fiel cumplimiento de mis obligaciones, en la callada labor diaria.

Hoy quiero decirte que el Espíritu tiene varias tareas que realiza a diario en nuestra vida, como son: nos consuela de todas las aflicciones en nuestra vida, nos enseña y nos guía, intercede por nosotros, nos regala diversos dones para ponerlos al servicio de los demás y nos llena de sus frutos.

Pero en este día quisiera hablar un poco más a detalle acerca de las obras que hace el Espíritu Santo en las personas:

Nos ilumina:

Recuerda que el pecado nos ofusca y no deja actuar al entendimiento de una manera recta. El Espíritu Santo nos ilumina en las decisiones difíciles y valientes que debemos de tomar.

Nos da valor para dar testimonio:

No debemos aspirar a ser santos de aparador, es decir, admirados o reconocidos. La santidad se encuentra y se vive amando a todos como Dios nos ama: con fidelidad, pureza y generosidad.

Nos ayuda a combatir el pecado:

El punto de inicio para la santidad es la humildad, reconocer que necesitamos de la Gracia de Dios. El Espíritu Santo nos da fuerza para luchar contra nuestras propias inclinaciones.

Nos instruye en la Verdad:

El pecado enmascara la realidad y nos aparta de la verdad de lo que somos y de los buscamos. El Espíritu Santo nos ayuda a aclarar ese corazón inquieto que va en busca de la Verdad, sabiendo que esa Verdad es Dios.

Así que ya sabes, nunca estamos solos, sino que tenemos al Espíritu Santo como nuestro defensor y nuestro abogado, encomiéndate a Él y permítele que te muestre su presencia.