Cuántas veces no nos hemos sentido indignos por nuestros pecados y pensamos que no podemos acercarnos a Dios. Cuántas veces hemos hecho caso a la tentación de recordar todas nuestras faltas pasadas y de pensar que ya no podremos superar tal o cual pecado. Hoy se nos quiere motivar muchísimo pues Jesús quiere recordarnos que es especialista en demostrarle, a quien se ha equivocado, que su vida tiene un gran valor a pesar de sus equivocaciones y sus pecados.

Hoy escuchamos en el Evangelio de Lc 19, 1-10, aquel bello encuentro que sucedió entre Jesús y Zaqueo. Sabemos que Jesús entró en Jericó, en donde había una gran multitud queriendo encontrarse con él. Zaqueo, que tenía curiosidad de ver a Jesús, corrió a subirse a un árbol para ver a Jesús ¿Cuál fue la sorpresa de Zaqueo? Que Jesús se dirigió hasta donde él estaba, alzó la vista y con mucho amor le dijo: “Zaqueo, bájate pronto porque hoy me tengo que hospedar en tu casa”. Sabemos que aquel hombre se bajó rápidamente y recibió a Jesús en su casa con mucha alegría.

¿Qué es lo importante de este encuentro y qué fue lo que sucedió en el corazón de Zaqueo? Primero hay que recordar que Zaqueo era publicano, recaudador de impuestos y run hombre rico. Había sido siempre juzgado y señalado por todos por su condición de pecador. Sin embargo, tenía cierta curiosidad por ver a Jesús, aunque también había cierto temor por lo que le pudiera pedir.

Lo primero que pasó con aquel hombre es que, cuando Jesús tomó la iniciativa de ir hasta donde él estaba y al llamarlo por su nombre, Zaqueo se encontró con alguien diferente, alguien que no lo juzgaba y que se interesaba por él.

Muchos pudiéramos pensar que Zaqueo se subió al árbol porque era de pequeña estatura y no alcazaba a ver a Jesús, sin embargo, pudiéramos hacer otra interpretación de este texto y pensar que se sube al árbol porque quería ver a Jesús, pero también, al tener miedo se quería esconder detrás de las ramas de aquel árbol.

Cuántos de nosotros hoy estamos así, queriendo ver a Jesús, deseando tener un encuentro vivo con él, pero también hay mucho miedo en nuestro corazón por nuestra condición pecadora, por lo que hemos hecho o por lo que hemos sido hasta el día de hoy. Muchas de nosotros por nuestros temores infundados o por nuestras limitaciones nos queremos esconder de Jesús.

Hoy, al igual que con Zaqueo, Jesús va hasta donde estamos para decirnos que quiere hospedarse en nuestra casa, que quiere tener un encuentro íntimo y profundo en nuestro corazón. Jesús es alguien distinto que no nos juzga, sino que nos abraza y nos da todo su amor.

También hoy Jesús nos puede encontrar como a Zaqueo, llenos de muchas cosas, pero vacío de amor. Zaqueo tenía mucho dinero, pues era rico y, además, tenía un bueno puesto de trabajo, sin embargo, no era feliz porque le faltaba lo esencial, encontrarse con el amor de Jesús.

¿Qué cosas hoy te separan de Dios y qué cosas le están robando el lugar de tu vida que le corresponde únicamente a Jesús? Zaqueo se puso de pie al final del encuentro con Jesús en su casa. Esto significa la conversión, el dejar esa vida cómoda, se decidió a salir de su zona de confort y se deshizo de lo más querido que tenía hasta en ese momento, su dinero. ¿Qué estarías dispuesto a dejar hoy con tal de encontrarte con Jesús?