El presente reporte de lectura es acerca de un capítulo del libro Ser Sacerdote hoy de Gisbert Greshake. Quiero comenzar diciendo que la lectura de este apartado del libro ha sido totalmente providencial en estos momentos de mi ministerio, a continuación explicaré el porqué.

El documento en cuestión nos habla, en una primera introducción, acerca de la noche oscura que puede vivir el sacerdote, la cual podría ser consecuencia de una crisis de fe en la vivencia de su ministerio. Nunca debemos idealizar el sacerdocio, considerando que todo será un camino llano y sin obstáculos; al contrario, debemos ir siempre con la concepción de que las dificultades siempre estarán presentes y nos harán haciendo madurar en la fe. Por ello, es imprescindible una vivencia sincera de nuestra vida, a fin de que podamos superar las diferentes crisis.

Se nos habla acerca de los peligros a los que se encuentra expuesto todo sacerdote en su ministerio. Comienza hablando acerca de las decepciones, las cuales vienen luego de que se han fijado ideales muy altos y los anhelos personales se han visto truncados, fracasados y las expectativas no han sido del todo alcanzadas. Habla de distintas decepciones que se pueden llegar a vivir, a saber: acerca de sí mismo, del anhelo insatisfecho de comunión fraterna, por falta de reconocimiento o sobre los directivos de diócesis.

Me llama mucho la atención cómo el autor dice que la decepción siempre es un des-engaño, un librarnos de un engaño. Creo que tiene mucha razón, ya que muchas veces nos hacemos ilusiones sobre algo que consideramos muy importante o fundamental en la vida, construimos sueños muy altos, y cuando la realidad que se vive es otra, es cuando se viene un des-engaño. Es aquí donde considero muy providencial en este momento de mi ministerio este documento, ya que me ha sido particularmente difícil compaginar ciertos pésimos testimonios que me han tocado vivir últimamente muy de cerca y que me han llegado a nublar y ensombrecer mi vivencia de la fe en el ministerio.

El mismo autor da tres maneras de poder ver estas limitaciones: ahuyentarlas, tropezar con las limitaciones, y vivir y sufrir las limitaciones, aceptándolas y no ocultándolas. Además debemos ver que siempre nuestras limitaciones personales, o aquellas que nos toca vivir y soportar de terceros, nos ayudarán en la medida que las aceptemos con fe, a ir transformando nuestra vida y nuestro entorno, ya que pueden convertirse en peldaños para subir por el camino de la cruz y el amor hacia Dios. Me encantó lo que cita el autor: “El amor no tiene que esperar a que el otro o lo otro sea perfecto. ¡Todo lo contrario! El amor es la condición para que el otro o lo otro puedan dar un paso hacia delante”.

Otro peligro grave es el conocido como burned-out, en donde la vivencia de ciertas acciones o circunstancias van quemando, desgastando y haciendo que muera el propio amor al ministerio. Cuántas veces por el activísimo, la falta de entrega o los vicios, el sacerdote va enfriándose y se va permitiendo cosas que antes no hacía y va haciendo que su ministerio pierda fuerza, vigor y ganas para evangelizar. Nunca debemos de perder de vista la constante presencia de Dios que reanima, y rejuvenece nuestra entrega.

Considero muy importantes dos recomendaciones que cita el autor de Johannes Bours, quien afirma que se puede pensarse en una fidelidad posible del sacerdote si se cumplen dos condiciones: una constante y fiel oración, a pesar de todo y de la adversidad; y el apoyo de una persona, ya sea amigo o director espiritual, con tal de que puedas sacar todo y puedas reemprender el vuelo.

En la tercera parte de este apartado se nos habla acerca del clericalismo también como un peligro constante que amenaza al sacerdote de hoy. El clericalismo entendido como un servicio espiritual que se convierte en dominio tirano, en donde el encargo sacramental de representar a Cristo se convierte en poder personal, para obtener ventajas, puestos y poder. Es por ello que se motiva e invita para poder vencer el clericalismo, el cual se da de muchas maneras, con el servicio sincero y desinteresado en bien del Reino de Dios. Considero que cuando el sacerdote no esta fortalecido en su vida espiritual, es muy fácil que se vuelva un mero administrador de sacramentos y no un representante de Dios que se motive por llevar la gracia a las almas.

Concluyo este reporte dejando claro que es inminente la cruz en la vida del sacerdote, misma que no es un atropello o un obstáculo, sino una oportunidad venida de Cristo para que podamos vivir crucificados con Cristo y siempre con la mirada puesta en él. Me queda como reflexión personal que las ayudas que nos dio Johannes Bours acerca de no abandonar la oración y la vivencia de la ayuda espiritual son las dos armas que debemos fortalecer siempre si es que queremos una vivencia fiel de nuestro ministerio, y por ende, llegar a la santidad.