Queridos amigos hoy es el último día del año, hoy nos presentamos al Señor con el conjunto de cosas que realizamos durante estos 365 días. Es una buena oportunidad para evaluarnos cómo fue nuestro desempeño y qué tanto avanzamos en la vida de santidad.

En este día el Señor nos invita en las dos lecturas de hoy a centrarnos en lo principal: el misterio de Cristo Jesús, que no haya nada ni nadie que aparte nuestra mirada y nuestro corazón de Él, ya que sólo así podremos terminar e iniciar muy bien el Año, devolviéndole a Cristo Jesús el lugar que le pertenece, el centro de nuestras vidas.

Muchos hoy se dejan llevar por actos de superstición. De hecho, recuerdo que hace unos años una joven se me acercó unos días antes del fin de año y me dijo: «yo voy a utilizar calzones rojos para el amor», y es cierto todavía hay muchas supersticiones, por ejemplo: utilizar cierto color en la ropa interior para la buena suerte en el amor, echar un anillo en la copa de champagne para lograr prosperidad y mucho dinero, prender velas de cierto color según lo que quieras obtener, barrer a medianoche para alejar las malas vibras, las penas y la negatividad, etc. Todo queremos que sea fácil, sin esfuerzo e inmediato; siempre estamos buscando recetas baratas para la felicidad que no implican compromiso.

Pero perdemos el tiempo, ya que la felicidad, el amor y la prosperidad en nuestras vidas nos vienen de permanecer fieles a Cristo Jesús. En la primera lectura de 1Jn 2, 18-21, se nos habla de que hay muchos anticristos que nos quieren apartar de la verdad y conducirnos por caminos equivocados.

Esto nos habla de que la felicidad se encuentra en que permanezcamos fieles a la verdad y no nos dejemos engañar por falsas doctrinas. Cuántos falsos seductores se han filtrado a nuestras vidas: el consumismo, una vivencia desenfrenada de la sexualidad, los vicios, la superstición y tantos otros opositores al mensaje de Cristo que se nos han metidos en nuestras vidas.

Por otra parte, en el Evangelio de Jn 1, 1-18, escuchamos la triste noticia de que la luz verdadera vino a los suyos y los suyos no la recibieron. Cristo es el que ilumina a todo hombre, vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Muchas veces queremos cosechar lo que no hemos sembrado, obtener frutos en lo que no nos hemos esforzado.

Hoy que estamos terminando el año, se nos invita a reflexionar en si de verdad Cristo ha sido el centro de nuestras vidas. Te invito a que sinceramente reflexiones si te has dejado conducir por el amor de Dios, si te has dejado iluminar por su Palabra, si te has dejado transformar por su Gracia, si has permanecido fiel a la verdad, o bien, si te has dejado seducir por los falsos profetas y, más aún, si te has vuelto uno de ellos que han dado mal ejemplo y anti testimonio a tus hermanos.

Por eso esto te propongo tres acciones concretas para este último día del año:

Evaluemos el año que termina:

¿Cómo nos fue? ¿Qué logramos? ¿Qué faltó por lograr? ¿Qué metas y objetivos alcanzamos? ¿Cuáles quedaron pendientes? ¿Qué podemos mejorar? ¿En qué fallé y me equivoqué? ¿Cuáles fueron los errores que cometí? Delante de Dios y con sinceridad en nuestro corazón rasquémosle al corazón y encontremos el cochambre que se ha pegado en el interior.

Quitemos todo resentimiento:

Te invito a terminar e iniciar el año sin resentimientos en el corazón, porque cuánto nos lastiman. Es muy fácil seguir instalado en la herida, recordando lo que nos hirió y seguir haciéndonos las víctimas. El resentimiento tiene dos consecuencias: nos hace sufrir sólo a nosotros y nos endurece el corazón como una piedra, lo cual nos vuelve insensibles. Casi ningún propósito se puede llevar a cabo si seguimos amargados y con resentimientos en el interior.

Haz un propósito concreto:

No te digas que serás el mejor en lo que haces, sino más bien, fíjate un propósito claro, concreto y medible para que llegues a ser el mejor.