El reporte de lectura en cuestión es de la encíclica Sacerdotalis Celibatus escrita por su Santidad Pablo VI, la cual fue emitida el 24 de junio de 1967. En dicho documento nos expone en cuatro apartados la importancia del celibato sacerdotal y sus implicaciones en el mundo actual.

Realiza en una parte introductoria la exposición del pensamiento acerca del celibato hoy en día y explica las objeciones que se ponen como contrarias a la vivencia del celibato. En el segundo apartado trata los aspecto doctrinales, explicitando los fundamentos cristológicos, eclesiológicos y escatológicos. El tercer apartado está dedicado a exponer los aspectos pastorales que conlleva el celibato, así como las negativas experiencias que se han dado, dando pautas concretas para afrontarlas. Finalmente, termina con una brevísima conclusión.

Considero esta encíclica muy actual debido a que la vivencia del celibato sacerdotal hoy en día la presentan muchos como una vivencia utópica de una realidad, cuando más bien es un testimonio claro de una entrega radical al Señor. Me llamó mucho la atención cómo presenta las objeciones contra el celibato, ya que aunque el documento se emitió hace ya casi 40 años, aún siguen siendo en parte las mismas objeciones que el mundo de hoy nos presenta. Debemos siempre verlo como un don gratuito de Dios, al cual no basta la gracia sino la importante y necesaria colaboración del hombre para llevarlo a cabo.

Como candidato a ser ordenado sacerdote en un futuro próximo, la lectura de este documento del Papa Pablo VI me motiva, me cuestiona y me exhorta a una vivencia más plena de mi entrega al Señor, ya que la vivencia del sagrado celibato es la expresión de una vida llevada en entrega fiel y total al servicio de Dios y de los hombres. Con ello confirmo que no es solamente una sublimación del área afectivo sexual, sino que va más allá, ya que en realidad es una entrega total de la persona por el Reino de Dios vivida y expresada en un amor sin reservas y sin límites, en una caridad que esté abierta a todos los hombres.

Desde mi experiencia, se puede observar que muchos jóvenes en la actualidad tienen una visión muy restringida y solamente negativa del celibato, considerándolo como una represión, cuando en realidad optar voluntaria y libremente por el celibato es una decisión de valor que compromete a toda la persona a una donación mayor y total y lejos de reprimirse se abre al don del amor a todas las personas con las cuales se relaciona. Si el celibato sacerdotal se lleva con todo lo que éste implica y de una manera fiel, lleva al hombre a la plenitud de vida en el amor.

El sacerdote célibe no se encuentra solo en el mundo, sino que su vivencia del celibato la ejerce dentro de la Iglesia y unido místicamente a Cristo, por ello no debe perder la eclesialidad de su ministerio sacerdotal. Para poder ser fiel a esta vivencia y no perderse en el mundo, es importantísimo la práctica asidua de la oración y de la vivencia de la Eucaristía uniéndose él mismo como ofrenda de holocausto al Señor.

La sociedad en que nos está tocando vivir lleva una ideología del momento, es decir, no quieren comprometerse muchas veces más que con el presente. La experiencia del celibato tiene una dimensión escatológica en cuanto que es la expresión de la vivencia ya de los bienes celestiales, por tanto, nos invita a vivirlo con la mirada puesta en el Señor que nos espera con los brazos abiertos.

Aunque el celibato sacerdotal es exigencia para la ordenación sacerdotal, al menos en la Iglesia de Occidente, debemos tomar en cuenta que antes es un don especial que Dios concede y éste debe ser pedido con fe al Señor. Este don lo da Dios generosamente, pero en respuesta a ese don concedido por Dios, los hombres debemos también responder igual de generosos poniendo todo lo que esté de nuestra parte para cuidarlo y cultivarlo. Por ello, los consagrados en la vivencia del celibato deberán ser signos vivos en el mundo de no vivir por valores efímeros y que son perecederos, sino siendo ejemplos de llevar una vida coherente y vivida desde los más altos valores.

El celibato conlleva una mística y una ascética particulares, de tal forma vemos que también tiene sus dificultades propias, aunque estas dificultades son vencibles y superables, ya que Dios no comparte al hombre algo que le será imposible llevar a cabo. El hombre ha sido constituido con inteligencia, voluntad y libertad; potencias que ayudan al hombre a no dejarse llevar sólo por el instinto sexual, sino que lo ayudan a regular su vida de tal forma que sea él mismo una ofrenda al Padre.

Tantas veces hemos escuchado que la vivencia del celibato no se improvisa, por ello, los futuros sacerdotes debemos preocuparnos por llevar una adecuada formación del celibato ejerciéndola desde la vivencia plena del amor expresada en una caridad generosa y una entrega sin límites en nuestra vocación. Considero sumamente importante el ejercicio de las virtudes que marca el documento para los aspirantes al sacerdocio que se preparan a la vivencia de dicho celibato, a saber: abnegación de sí mismo en el más alto grado, humildad y obediencia, prudencia y justicia, fortaleza y templanza; sentido de responsabilidad, armonía entre contemplación y acción, desprendimiento y espíritu de pobreza, castidad como perseverante conquista además de un contacto sereno y seguro con el mundo.

Concluyo que al vivir en libertad el celibato sacerdotal se debe ser consciente de la implicación que éste conlleva de vivir una vida ejercida, dirigida y llevada por la caridad; puesto que ser célibe no es solamente la renuncia al ejercicio de la sexualidad desde la genitalidad, sino la apertura al don de Dios entregándose a la caridad para con Dios y para con los hombres.