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¿Quieres saber quién te ama en verdad? Descúbrelo con los siguientes criterios

Hace unas semanas me tocó celebrar las Exequias de un joven de mi Parroquia que se había quitado la vida a sus 35 años. Esto me ha puesto a reflexionar mucho últimamente acerca de que muchas veces lo que vemos por afuera en las personas no es lo mismo que se lleva en el interior, ya que se puede ver sonreír, pero en realidad se puede estar viviendo un infierno en el corazón.

A propósito de esto me puse a investigar un poco acerca de cifras referentes a la depresión y al suicidio. Me encontré que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que mundialmente hay alrededor de 800mil personas que se quitan la vida al año. Además, la misma OMS estima que cerca del 40% de la población vive en depresión.

Tan sólo en nuestro país, las tasas de suicidio también han incrementado muchísimo en los últimos años. En el período del 2010-2016, Jalisco ocupó el segundo lugar, después del Estado de México, con el mayor número de suicidios. ¿Qué estará pasando? ¿Dónde se encontrará la raíz de todo esto? Yo considero que la depresión es el reflejo de una sociedad enferma de egoísmo e indiferencia que no quiere vivir la caridad.

Precisamente hoy expongo todo esto, ya que el Evangelio que se nos propone, tomado de Lc 10, 25-37, nos habla de aquel doctor de la ley que se acerca con Jesús para ponerlo a prueba y le preguntó qué debía de hacer para ganarse la vida eterna. Jesús le responde con una pregunta: ¿Qué es lo que está escrito en la ley?, A lo que, aquel letrado, le respondió de memoria:

“Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús, le contesta que ha respondido muy bien, que cumpliera eso y así obtendría la vida eterna. Luego, cuando el letrado le preguntó a Jesús acerca de quién era su prójimo, Jesús le contesta con la parábola del buen samaritano.

Sabemos muy bien el mensaje de esta parábola, en donde un hombre que se encontraba tirado y herido por el camino, a su lado pasaron 3 diferentes personas: un sacerdote, un levita y un samaritano; sólo el último sintió compasión de aquel hombre y se hizo cargo de él, aún sin conocerlo, lo cargó, lo curó, pagó también para que alguien más cuidara de él. Mientras que de los que se suponía más lo podían haber ayudado, fueron indiferentes a su dolor.

Esto es lo que hace falta en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia, que sintamos compasión de los que sufren, que no pasemos de largo ante el dolor, ante una mirada triste, ante una mano que nos pide de comer, ante un joven que se encuentra en drogas, ante un matrimonio que se está derrumbando, ante un niño que ha sido violentado, etc.

No podemos comportarnos como el sacerdote o el levita, sino que debemos actuar como aquel buen samaritano, quien se detiene por el impulso que se suscita en su corazón. Estoy seguro que la depresión desaparecería y los índices de suicido bajarían, si fuéramos capaces de amar como Jesús amaba, si tuviéramos los mismos sentimientos que él.

Por eso, si tú buscas descubrir quién te ama en realidad, deberías evaluar ciertos criterios, ya que muchas veces de dientes para afuera te pueden decir: “te amo”, “te estimo”, “te admiro”; pero hasta ahí, no hay una comprobación concreta en las obras. El verdadero amor no se dice ni se actúa, sino que se vive con actos concretos.

Algunos de estos criterios para saber si te aman de verdad son los siguientes: si se preocupan y se interesan por ti y por tus problemas; quien es capaz de comprometerse totalmente contigo y con tus problemas; quien no es indiferente ante tu dolor ni se aparta cuando te ve sufrir; quien es capaz de dejar lo suyo, sus “pendientes”, o incluso, hasta sus obligaciones por ayudarte en tus necesidades. El amor no se dice, se demuestra con las obras y con la propia vida.

Pero ahora, termino esta reflexión volteándote la tortilla… lo importante no es descubrir quién nos ama de verdad, sino qué tanto amamos nosotros de verdad a los demás, y también, qué tanto amamos de verdad a Dios y se lo demostramos en el prójimo necesitado.

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