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¿Qué tanto sabes descansar? No es un lujo, sino una necesidad

Muchas veces pensamos que lo que más le agrada a Dios es el trabajo sin descanso y esto no es verdad. Quisiera comenzar hoy recordando que no somos máquinas o autómatas que actúan sin pensarlo y que somos más eficientes en la medida en que más trabajamos sin parar. Somos seres humanos, que, si bien tenemos talentos y capacidades que hay que hacer rendir y ponerlas generosamente al servicio de los demás, también hay que recordar que al ser humanos tenemos necesidades que son indispensables, y el descanso es una de ellas.

Hoy Jesús en Evangelio de Mc 6, 30-34, nos lo recuerda:

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces Él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer. Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Los apóstoles venían contentísimos por el éxito que habían tenido en la misión que les fue encomendada por parte de Jesús. Y es precisamente en medio de ese ambiente de alegría, cuando Jesús les dice que también es tiempo de alentar y vigorizar el cuerpo y el espíritu, pues la misión desgasta, física y espiritualmente, y necesitaban tiempo para recuperarse, por eso les dice “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”.

Muchas veces las actividades cotidianas de nuestra vida pues distraernos de lo que verdaderamente importa. Vivimos en un mundo que va tan deprisa que podemos correr el riesgo de no pararnos a descansar, a reflexionar, a tomar fuerzas, a convivir con los que nos aman, a no disfrutar un buen café y una buena lectura o a no pasar tiempo de convivencia con nuestros amigos.

El trabajo sí es muy importante, pero éste se fortalece también con nuestro descanso. Por supuesto que descansar no es no hacer nada, sino que es cambiar de actividad que me llene interiormente y me capacite para poder entregarme nuevamente. En el Siglo en el que vivimos, hay muchas actividades, preocupaciones, agobios y tensiones que nos roban frecuentemente la paz y la tranquilidad, es por eso que debemos aprender a descansar.

Cuando no aprendemos a hacer un alto y descansar, podemos también estar mandando señales de que algo no funciona bien en nosotros y utilizamos el trabajo como un tubo de salida o de escape. Por ejemplo, si el matrimonio no va bien, el trabajo se vuelve un refugio o salida fácil, pero de nada sirve porque ni te ayuda a ti ni a tu familia, y es más, ni siquiera a los del trabajo, ya que a veces estamos tan hartos y vacíos en el interior, que en el mismo trabajo sacamos nuestras frustraciones y toda la porquería que llevamos en el interior.

El descanso no es un lujo ni un capricho, sino una necesidad. Alguna vez leí, no recuerdo en donde, el testimonio de un sacerdote que decía que el prefería ser un sacerdote de 6 días a la semana, pero alegre, compasivo y atento con todos, a ser un sacerdote de 7 días a la semana, sin descanso, pero todo enojón, frustrado y regañón con todo mundo. Esto no sólo lo debemos aplicar al sacerdote, sino a todas las personas. Debemos aprender a descansar bien, para poder servir mejor.

Además, dice el texto que Jesús se compadeció de toda la multitud que estaba ahí porque andan como “ovejas sin pastor”. Esto nos puede enseñar dos cosas, que nos hace falta tener una mirada compasiva para poder descubrir las necesidades de la gente a nuestro alrededor; pero también, que, al vivir tensos, agobiados y siempre de prisa por no descansar bien, esa mirada compasiva se va perdiendo.

Por eso, aprendamos a descansar, utilicemos nuestros días de descanso para hacer más oración y llenar nuestro corazón del amor de Dios. También podemos leer un buen libro, ver una película interesante que me relaje, pasar tiempo con los amigos y la familia, etc. Recuérdalo, el descanso no es un lujo sino una necesidad. Bien descansado, servimos y vivimos mejor.  

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