¿Qué tanta valentía tenemos para defender a un inocente? Más aún ¿Qué tanta valentía tenemos para perdonar y defender a un culpable? Hoy, en la primera lectura, se nos cuenta cómo Daniel defendió a la casta Susana de ser condenada inocentemente, y en el Evangelio se nos cuenta cómo Jesús perdonó los pecados de aquella mujer hallada en adulterio.

El libro de Daniel nos narra la historia de Susana, la cual fue injustamente acusada por dos ancianos que ardían en deseos por ella, pero ella los rechazó por mantenerse pura y casta. Los ancianos, por la negativa de esta mujer, deciden calumniarla y acusarla falsamente, pero Susana, con una total confianza en la intervención de Dios, sale victoriosa y es defendida por Daniel.

¿Qué tanta valentía tenemos para defender al inocente? ¿Qué tanto coraje tiene nuestro corazón para ir en contra de la injusticia? Muchas veces, aun siendo testigos de la verdad, callamos por miedo o por complicidad.

En el Evangelio de Juan que hoy escucharemos, se nos narra la escena en donde a Jesús, queriendo ser acusado por los escribas y fariseos, le presentan a una mujer hallada en adulterio. Ellos pensaban de Jesús: si la condena, pierde popularidad; si la perdona, va contra la ley. Así ellos le querían tender una trampa para poder acusarlo.

Cuando se presentaron con Jesús le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?”. La sentencia de Jesús es siempre de misericordia, sabemos que se puso a escribir algo en el piso, no sabemos qué era, y después les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”.

No sabemos qué fue lo que Jesús escribió en la tierra, pero algunos Padres de la Iglesia afirman que pudieron haber sido los pecados de los que la acusaban. A mí en lo personal me gusta mucho la interpretación de alguien que dijo que lo que escribía era el pecado de ella, para representar que con el paso del viento los pecados se iban a borrar.

Hoy, vemos pues, que en la primera lectura Daniel intercede valientemente por defender a Susana de una condena injusta; por su parte, en el Evangelio vemos a Jesús que perdona y salva de ser apedreada a una mujer hallada en adulterio.

Esto nos debe enseñar dos cosas:

  1. Debemos ser valiente para ir en contra del mal en el mundo, decididos para defender la verdad y la justicia, incluso, cuando nuestra acción nuestra nos cuesta trabajo.
  2. Debemos imitar la actitud misericordiosa de Jesús que perdona siempre. No confundamos perdonar con tolerar el pecado, ya que al final del texto Jesús le dijo: “Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”. Jesús perdona siempre, pero a la vez motiva a alejarse de esa situación de pecado.