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¿Qué se necesita para tener FIDELIDAD en el Matrimonio?

Recuerdo que, en cierta ocasión, realizando una presentación matrimonial, le pregunté a los novios si querían que su matrimonio fuera fiel toda la vida, por supuesto que ambos me contestaron que sí, bueno les dije que sólo lo lograrían si ambos cuidaban su corazón y sus sentidos.

Las lecturas de hoy nos hablan acerca de la fidelidad de nosotros a Dios. Quiero reflexionar Gn 17, 3-9:

Cuando Dios se le apareció, Abram se postró con el rostro en el suelo y Dios le dijo: “Aquí estoy. Esta es la alianza que hago contigo: Serás padre de una multitud de pueblos. Ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque te he constituido como padre de muchas naciones.

Te haré fecundo sobremanera; de ti surgirán naciones y de ti nacerán reyes. Contigo y con tus descendientes, de generación en generación, establezco una alianza perpetua para ser el Dios tuyo y de tus descendientes. A ti y a tus descendientes les daré en posesión perpetua toda la tierra de Canaán, en la que ahora vives como extranjero; y yo seré el Dios de ustedes”. Después le dijo Dios a Abraham: “Cumple, pues, mi alianza, tú y tu posteridad, de generación en generación”.

Me queda totalmente claro que Dios es fiel a lo que promete, su amor no cambia, su mirada bondadosa sobre nosotros no se ve afectada por nada; pero ¿Qué tan fieles logramos ser los hombres a Dios? ¿Qué tan fieles somos los hombres con los demás? Creo que actualmente cuesta mucho trabajo ser fiel, porque a veces el mundo en el que vivimos, el cual nos hace cambiar con rapidez de marca, de tecnología y de todo lo que tenemos, nos vuelve cambiantes, débiles en nuestras decisiones y vulnerables en nuestra fidelidad y hace que fijemos muy rápido nuestra mirada en otras cosas, menos en lo que importa de verdad.

No me he encontrado nunca con unos jóvenes que le entren al matrimonio queriendo ser infieles o infelices directamente, pero sí me he encontrado con muchísimos que lastiman esa felicidad por que con mucha facilidad han perdido la ilusión, el amor, la entrega, se mienten con facilidad o se engañan casi sin pensarlo. Consideran que están siendo fieles por no meterse físicamente con nadie, pero olvidan que la fidelidad primero es mental y de corazón, y ahí es donde están fallando.

Nos hace falta mucho cultivar la virtud de la fidelidad, la cual nos debe llevar a mantenernos, a través del tiempo y a pesar de las adversidades, en el compromiso que hemos tomado en un cierto momento de nuestra vida. La fidelidad, la cual va ligada a la virtud de la fortaleza, cuesta mucho trabajo precisamente porque nos hace falta ser fuertes en nuestra voluntad.

Por ello, hoy quiero motivarte a que luches por ser fiel a las promesas que has hecho en tu vida: a tus promesas bautismales, a tus promesas matrimoniales, a tus promesas en el sacerdocio, a tus promesas personales, etc. Ya que hoy en el Evangelio de Jn 8, 51 dice “el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”.

La fidelidad se comienza a conquistar en el corazón, ya que la fidelidad, para que pueda ser vivida, necesita buenos cimientos y un buen motor que la impulse a entregarse siempre y en todo momento. Por ello, revisa tu corazón, sé sincero contigo mismo y apártate de todo aquello que te esclaviza, que no te deja ser libre y, por ende, que te está consumiendo las fuerzas y no te deja ser fiel a las promesas que has realizado.

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