Muchas veces cuando estamos pasando por algún sufrimiento, experimentamos una fuerte angustia o llevamos una fuerte herida, pudiéramos sentirnos incomprendidos, solos o abandonados. No debemos olvidar que sí hay alguien que nos comprende y nos acompaña en ese momento, Jesús y María Santísima.

Hoy recordamos a Nuestra Señora de los Dolores, quien, junto a los pies de su Hijo clavado en la cruz, estuvo íntimamente asociada a su Pasión. Fue fiel a la misión que se le encomendó y supo sufrir en un silencio amoroso. Vamos a descubrir qué fue lo que le ayudó a María Santísima para poder ser fiel. Reflexionaremos en Lc 2, 33-35:

En aquel tiempo, el padre y la madre del niño estaban admirados de las palabras que les decía Simeón. Él los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

Este Evangelio nos muestra que la Santísima Virgen María estuvo asociada, desde un principio, a la Pasión de su Hijo Jesucristo. El anciano Simeón le anuncia la participación en los sufrimientos, aunque no cruentos, pero sí en el alma. Quisiera pensar que la espada que atravesó su alma fueron esos sufrimientos interiores, tal como Jesús sufrió la Pasión interior en el Huerto de los Olivos, en donde sufrió la agonía y hasta le hizo sudar Sangre.

Además, la Virgen María nunca renunció a esto, jamás se echó para atrás, no tuvo miedo, incluso, estuvo presente junto a su Hijo en toda su Pasión, no se separó de Él en ningún momento, siempre permaneció fiel, al final de la vida Jesús, también estuvo junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo. Siempre estuvo íntimamente unida a los padecimientos de Cristo.

Me gusta mucho la Secuencia que hoy se nos da, quisiera citar dos versos:

La Madre piadosa estaba

Junto a la cruz, y lloraba

Mientras el Hijo pendía;

Cuya alma triste y llorosa,

Traspasada y dolorosa,

Fiero cuchillo tenía.

Por los pecados del mundo,

Vio a Jesús en tan profundo

Tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado

Que rindió desamparado

El espíritu a su Padre.

Este día en que recordamos a María como la Dolorosa, se nos invita no sólo a recordar la fidelidad de esta mujer, sino a acompañarla con nuestra vida. Acompañar a una madre en su experiencia de un dolor muy profundo, el dolor de una madre que contempla a su Hijo incomprendido, acusado, golpeado, lacerado, abandonado por sus propios apóstoles, flagelado y amenazado, coronado de espinas, abofeteado, cargando con su cruz, siendo escupido y lastimado.

Pudiéramos sufrir la tentación de agradecerle a María su fidelidad, pero quedar ajenos a ella. Hoy más que nunca se nos invita a imitar la actitud de fidelidad de la Madre de Jesús. ¿Qué hizo María para poder ser fiel y soportar estar ahí, a los pies de la cruz? Su fidelidad es consecuencia de tres cosas, y son los tres consejos que te doy para que puedas sobrellevar tus cargas y tus dolores:

  1. El gran amor que le tenía a su Hijo.
  2. Sin lugar a duda, sacaba fuerza de la oración. Ahí encontraba alivio, reposo, descanso y fuerza.
  3. Finalmente, es consecuencia de la confianza que tenía en que la Voluntad de Dios es siempre lo mejor para nosotros.

Decía el Padre Pio que todos sufrimos, pero el saber sufrir es de pocos. Hoy que celebramos a Nuestra Señora de los Dolores pidámosle que nos acompañe siempre y que con su fortaleza nos ayude a llevar los sufrimientos diarios, que no nos desesperemos en la prueba, en la tentación o en el momento de dolor; sino que aprendamos a sufrir tomados de la mano de Jesucristo.

Que María Santísima, en esta advocación de la Dolorosa, nos de fortaleza para poder llevar los sufrimientos propios de esta vida. Recuerda que estando a los pies de la cruz de Jesús, estaban Juan el discípulo amado y unas mujeres, y estando Juan ahí le fue encomendado el cuidado de la Santísima Virgen María. Jesús nos la encomienda para que nos ayude a saber sufrir y unirnos a su pasión.