Uno de los grandes dramas que hace sufrir a la mayoría es experimentar la traición de alguien a quien considerabas cercano. Esto no es sólo temática de telenovelas, sino que, muchas veces, es la triste realidad del día a día. ¿Qué debemos de hacer ante esto? ¿Qué hacer cuando los que amas te traicionan? Veamos el evangelio de Lc 21, 12-19:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí. Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes. Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

De este evangelio quisiera compartirles tres reflexiones:

Seguir a Jesús implica ser perseguido:

Cuando alguien va contracorriente y es fiel al evangelio, encontrará dificultades, pruebas, persecuciones e incomprensión. Pero esto no nos debe desalentar ni desanimar, porque la persecución que está pronosticando Jesús, ofrece la oportunidad de dar un verdadero testimonio de amor a Él. Y, como dice el mismo Lucas, a veces sucederá que este testimonio deba afrontar literalmente la violencia, incluso de personas cercanas que ni siquiera te imaginabas.

Confiar en la ayuda y en la defensa de Jesús:

Es muy casual que, cuando vemos que la persecución se aproxima, o cuando vemos venir acusaciones en nuestra contra, o cuando las críticas nos han lastimado, o cuando la calumnia nos ha herido… queramos preparar nuestra defensa. Pero hoy, Jesús nos pide que confiemos absolutamente en Él.

Esta parte del evangelio a mí en lo personal me gusta mucho, porque nos habla de que cuando hemos sido fieles al Señor, no necesitamos armarnos de valor, ni utilizar palabras eruditas, ni pagar con la misma moneda para defendernos; ya que tenemos a alguien más grande que nuestros problemas y nuestros acusadores y, él mismo, nos defenderá en ese momento. Lo único que se nos pide es confianza en Dios. Él nos iluminará y nos guiará por donde mejor nos conviene.

La perseverancia nos llevará a la santidad:

Muchas veces nos desesperamos y entristecemos cuando ponemos la confianza en los hombres y éstos nos fallan, lo cual hace que nos alejemos de los buenos propósitos o, incluso, que no queramos volvamos a entregar por experiencias dolorosas. Pues hoy Jesús nos invita a perseverar, es decir, a no dejar que las experiencias duras nos lastimen, o que las persecuciones nos desanimen, o que las traiciones nos enfríen en nuestra capacidad de entregarnos.

Al contrario, debemos mantenernos firmes y aprender a perseverar, porque nuestra felicidad no está en esta tierra, sino en el cielo, ahí es a donde estamos llamados. Por tanto, que las experiencias dolorosas de esta vida sean siempre un aprendizaje y una oportunidad para dar testimonio de amor y fidelidad a Jesús. Confiemos siempre en él, pues ya nos lo ha dejado muy claro, él mismo nos defenderá.