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¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

Yo creo que todos nos hicimos de pequeños aquella pregunta famosa de ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? Todos queremos conocer la historia desde el principio y saber cuál es el origen de todo. Esto ha sido una inquietud de toda la vida y de todos los tiempos.

Hoy escuchamos en la primera lectura, tomada de Gn 1, 1-19, que se nos narra la creación del mundo por parte de Dios. Nos narra de una manera extraordinaria qué fue lo que Dios hizo al crear todo cuanto existe. Comienza explicándonos cómo al principio todo era soledad y caos, mientras que las tinieblas cubrían la faz del abismo. Dios viene a terminar con ese caos y a crear todo cuanto existe.

De este trozo del relato de la creación me llaman mucho la atención dos cosas en específico: primero, que Dios es el creador de todo cuanto existe y, segundo, que Dios vio que todo era bueno. Esto me lleva a reflexionar en cuántas veces hemos querido usurpar el lugar de Dios en nuestras vidas, creyéndonos todopoderosos, pensando que todo cuanto tenemos ha salido de nosotros mismos. Nunca se nos olvide que todo ha sido creado por Él, nada tiene un lugar fuera de Dios.

Sin embargo, me quiero detener un poco más en la segunda idea, en cuanto que “vio Dios que todo era bueno”. Dios no hace nada a la carrera o mal hecho, sino que todo lo que Dios ha hecho fue bueno y no a medias, sino totalmente bueno, todo lo que hace Dios es perfecto, pero nosotros hemos lastimado esa creación.

Dios ha creado la luz para que podamos ver y descubrir esas bellezas que Dios ha creado para nosotros, pero, muchas veces somos nosotros los que queremos seguir en las tinieblas del pecado y del mal, nos hemos dejado llevar por el egoísmo de nuestro corazón y no hemos permitido que el amor de Dios nos guíe.

Cuántas veces nosotros mismos hemos perdido la esperanza en nosotros mismos y en que podamos cambiar y ser diferentes. Cuántas veces, al ver nuestras caídas recurrentes en los mismos pecados, nos hemos desanimado y pensamos que ya no podemos cambiar. Hoy, Dios nos recuerda que todo lo que él hizo es bueno. No olvidemos que nosotros somos creación de Dios y, por esencia, somos buenos. Llevamos bondad en nuestro corazón, sólo que, por nuestra libertad mal empleada, también hemos dejado entrar el mal.

Con lo anterior, quisiera hacer un llamado a la esperanza a tu corazón, a que recuerdes que en el fondo de tu corazón eres bueno, que tienes oportunidad de cambiar y de ser mejor, que Dios no quita el dedo del renglón para que tú cambies, ya que Él sabe que te creo bueno. Es necesario que te la creas y que vivas conforme a tu verdad, eres un ser bueno, pero necesitamos echar fuera de nuestra vida, el pecado.

Por su parte, en el Evangelio de hoy, tomado de Mc 6, 52-56, se nos habla de que le presentaron muchos enfermos a Jesús para que los sanara y le rogaban que, por lo menos, los dejara tocar la punta de su manto, y el texto dice que, cuantos lo tocaban, quedaba curados. Yo creo que todos tenemos necesidad de ser curados de algo por parte de Jesús.

Al menos, hay que pedirle que nos sane de esta falta de esperanza y falta de fe que nos hace creer que no podemos salir de nuestras situaciones pecaminosas, que nos quite la rutina y el desgano, que nos aleje del desaliento y la mediocridad.

Nunca olvides que Dios te creó bueno y tienes en tu corazón esa bondad para realizar actos buenos, hoy que sabemos que Jesús puede y quiere sanarnos de todo lo que nos obstaculiza para acercarnos a él, pidámosle que nos ayude a eliminar todo lo que no nos deja actuar bien. Jesús puede sanarte de cualquier cosa, no hay pecado que él no pueda perdonarte o quitarte de tu vida, ten fe en Jesús, acércate a él con un corazón sincero y disponte para recibir de él, la salud y la sanación.

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