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¡Qué aburrido casarse, sólo son esposos!

Escuchando a los matrimonios en la dirección espiritual y en la consultoría, detectamos que una queja frecuente es: “Ya no es el mismo que cuando lo conocí” o “ya no me trata igual que antes”. Muchos matrimonios, con el paso del tiempo y la rutina, dejan a un lado los detalles.

Muchos esposos, en lugar de alimentar su relación con palabras, gestos y detalles que les recuerden el amor que se tienen; dejan que la rutina les mate el poco amor que les queda. Por eso, queremos compartirte una historia que escuchamos de un niño pequeño e inocente que decía que su mamá no tenía novio, les ayudará mucho.

Cuando iba de visita a casa de mis tíos, me divertía mucho viendo a mi prima mayor prepararse para recibir a su novio. La veía siempre contenta mientras se peinaba, se perfumaba y se pintaba los labios, se vestía muy guapa y corría de un lado a otro de la casa, arreglando todo con detalle para que “su amor”, no encontrara algo fuera de lugar.

Cuando llegaba su novio, se notaba siempre, porque llegaba oliendo a mucha loción y cuando se miraban… ¡uff!, parece que flotaban en el aire. Se abrazan con ternura, se hablan bonito, y ella siempre le ofrecía algo de tomar y hasta le daba galletitas que ella misma le preparaba. Además, él le agradecía todo lo que le hacía de cenar y se pasaban horas enteras sentados en el sofá platicando sin parar y sin dejarse de mirar.

Al día siguiente le pregunté a mi mamá quién era su novio y me dijo muy sonriente que su novio es mi papá: “No mami, te pregunto en serio”, pero ella insistía en que es mi papá. ¿Cómo va a ser mi papá su novio? En primer lugar, él nunca llega con un ramo de flores ni chocolates; sólo le da regalos en su cumpleaños y en navidad. Nunca he visto que el novio de mi prima se presente con dinero para que se compre lo que ella quiera o con jabón para la lavadora.

Además, cuando oigo que el carro de mi papá se estaciona, no veo a mi mamá correr a peinarse ni pintarse los labios, no hace nada especial. El saludo de mi papá, en lugar de ser “hola mi vida”, siempre es “ya llegué”, y en lugar de ir a darle un beso a mi mamá, se tumba en el sofá porque dice que viene muy cansado. Mi mamá en lugar de decirle: “¿mi vida qué quieres que te haga de cenar?”, sólo le dice: “y ahora ¿qué traes, no vas a cenar?”. Por fin, cuando veo que mi papá se levanta del sillón, pienso que le va a decir a mi mamá: “qué guapa estás hoy”, pero nada, sólo le dice: “¿ahora dónde dejaste el control de la televisión?”. 

Estoy acostumbrado a ver a mi prima decirse cosas bonitas y románticas con su novio, pero mi mamá en lugar de decirle: “Amor te extrañé ¿cómo te fue en el trabajo?”, sólo le dice: “¿Fuiste al banco por el dinero? Urge pagar la escuela y la luz”. Yo creo que ella me dice que son novios para que no me entere de que “cortaron” cuando se casaron. La verdad es que mi mamá no tiene novio y mi papá no tiene novia. ¡Qué aburrido casarse, sólo son esposos!

Es la triste realidad de muchos matrimonios. La relación se vuelve aburrida cuando no se renueva constantemente. Hay que sembrar todos los días con palabras llenas de amor, gestos románticos y caricias que les hagan vibrar como al inicio.

La felicidad en el matrimonio no se consigue sólo casándose, sino que hay que luchar y esforzarse todos los días para que el egoísmo y la rutina no ganen terreno en la relación y los enfríen. Recuerda que San Pablo decía que lo que siembres, eso es lo que vas a cosechar. ¿Qué estás sembrando en tu matrimonio?

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