Estamos viviendo en una sociedad que está harta de escuchar palabras bonitas, de recibir discursos súper bien elaborados, de ser parte de programas tremendamente estructurados… pero todo esto carente de testimonio de vida que conlleve a un compromiso concreto. Esto se torna en palabras huecas que no dicen nada.

Hoy en el libro de los Hch 5, 27-33 escucharemos lo siguiente:

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles ante el sanedrín, y el sumo sacerdote los reprendió, diciéndoles: “Les hemos prohibido enseñar en nombre de ese Jesús; sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre”.

Pedro y los otros apóstoles replicaron: “Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz. La mano de Dios lo exaltó y lo ha hecho jefe y salvador, para dar a Israel la gracia de la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que lo obedecen”. Esta respuesta los exasperó y decidieron matarlos.

Los apóstoles, a pesar de las dificultades encontradas y de la persecución que recibieron, supieron ser fieles al mandato del Señor de predicar la verdad y dar a conocer la Buena Nueva. Hoy, más que nunca, hacen falta cristianos comprometidos que estén dispuestos a dar la vida por dar a conocer a Cristo. Y sí, no te rasgues las vestiduras por escuchar que digo cristianos, porque la tarea de evangelizar no es propia de sacerdotes o religiosos, sino que es una tarea que debe asumir y vivir todo bautizado.

Me impacta en el corazón la respuesta de Pedro ante las reprensiones del sanedrín: “Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres”. Pedro no está diciendo que se desentiende de las cosas del mundo o de la autoridad humana, sino que está priorizando su obediencia, ya que, obedeciendo a Dios, perfectamente se obedece al hombre.

Pero ¿qué sucede hoy en día? Es triste ver cómo el Evangelio y la vida íntima con Dios, para muchos, pasa desapercibida. Para otros, es sólo tarea del fin de semana, y para muchos más, ya ni eso. Para otros tantos, Cristo y su Evangelio es una opción más en su vida, cuando estamos llamados a ponerlo como el pilar fundamental, no como una segunda o tercera opción. ¿Qué tan dispuesto estás a dar la vida por obedecer a Dios y poner su Evangelio como la ley de tu vida? Pregunto esto porque desgraciadamente, muchas veces, preferimos quedar bien con los hombres antes que con Dios, preferimos gozar de la estima de los amigos, del jefe, del superior, etc. Antes que ser fieles a los mandatos de Dios.

Dice Francisco Ugarte en uno de sus libros:

En la actualidad hay crisis de valores y él dice que la crisis, antes que ser de los valores, es del sujeto de esos valores. Es el hombre actual el que está en crisis, porque no puede responder, con su inteligencia o con su voluntad, a los interrogantes fundamentales que le plantea la existencia: ¿a dónde voy? ¿qué quiero? ¿cuál es el sentido de mi vida? Y al haber perdido el rumbo, los valores se desdibujan. Concluye él que se puede decir que hay crisis de valores porque el hombre está en crisis.

Ánimo, para poder salir de esa crisis necesitamos regresarle a Dios al centro de nuestras vidas, que sea Él nuestro motor, nuestra guía, nuestro modelo, nuestra cimentación. No podemos ser buen ejemplo ni dar testimonio de vida como el de los apóstoles hasta que no tengamos un encuentro profundo, vivo y personal con Cristo. El buen ejemplo, consecuencia de una auténtica vida de fe, arrastra siempre; y no se trata de dar testimonio de nosotros mismos, sino de la obra del Señor en nosotros.