Hace unos meses una señora se me acercó con muchos sentimientos encontramos, diciéndome que no entendía cómo actuaba Dios. Le pregunté por qué me decir eso y me dijo que había tenía unas pruebas difíciles en su vida y se comenzó a acercar al Señor, los primeros meses era pura felicidad, pero luego, vinieron más pruebas y dificultades. Su drama era que no entendía por qué si se había acercado a Jesús y estaba en ese proceso de conversión, le sucedían todas esas cosas.

Yo creo que este es el drama de muchas personas. Hay que tener algo muy claro, el demonio se las ingenia de todas formas y maneras para alejarnos de Dios, ese es su principal cometido, alejarnos de la gracia y del amor de Dios. Teniendo en cuenta esto, ahora sí vamos a entender lo que se nos narra en la primera lectura del Eclesiástico 2, 1-13:

Hijo mío, si te propones servir al Señor, prepárate para la prueba; mantén firme el corazón y sé valiente; no te asustes en el momento de la adversidad. Pégate al Señor y nunca te desprendas de él, para que seas recompensado al fin de tus días. Acepta todo lo que te sobrevenga, y en los infortunios ten paciencia, pues el oro se purifica con el fuego y el hombre a quien Dios ama, en el crisol del sufrimiento.

Confíate al Señor y Él cuidará de ti; espera en Él y te allanará el camino. Los que temen al Señor, esperen en su misericordia; no se alejen de Él y no caerán. Los que temen al Señor, confíen en Él, porque no los dejará sin recompensa. Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, su misericordia y la felicidad eterna.

De este texto podemos sacar muchas enseñanzas, pero yo quisiera resaltar sólo tres:

Dios permite que seamos purificados

Muchas veces cuando nos llega la conversión de golpe o tenemos un fuerte arranque de querer ser mejores y de cambiar de vida, pensamos que las cosas nos saldrán muy bien y no experimentaremos ninguna dificultad y no es así. Dios no quiere que suframos, lo que pasa es que el demonio quiere arrastrarnos y alejarnos de ese Dios bueno que hemos conocido y experimentado, por lo tanto, nos presenta tentaciones para regresar al mal camino y apartarnos de Dios.

Entre más tentaciones tenemos no debemos preocuparnos más, sino confiar más en Dios, ya que quiere decir que, al estar más cerca de Dios, el demonio más necesita tentarnos para alejarnos de Dios. Si no tienes pruebas, tentaciones o dificultades, ahí sí preocúpate porque quiere decir que estás lejos de Dios y vas por un camino de perdición y, por lo tanto, el demonio no necesita tentarte.

Dios, por su parte, se vale de esas pruebas y dificultades para purificarnos y que nuestro amor a Él sea un amor puro y sin fingimiento.

Mantén firme el corazón y sé valiente

No podemos pasarnos toda la vida temiendo, al contrario, debemos aprender a confiar totalmente en el Señor, saber que Él nos cuida y nos protege, siempre estará velando por cada uno de nosotros. Nos habla de que debemos mantenernos firmes, es decir, debemos aprender a perseverar, no podemos ser cristianos de corazón blando que sede a todas las tentaciones y se deja caer en todas las pruebas.

No se alejen de Él y no caerán

Cuando pensamos que podemos salir victoriosos con nuestras solas fuerzas, ya perdimos de ante mano. Si en el punto anterior te invitaba a perseverar, aquí es recordar que la fuente de la perseverancia es estar tomado de la mano del Señor. Si nos soltamos, vamos a caer, ya que sólo estando cerca de Dios, orando con fe y frecuentando constantemente los sacramentos, es como podremos ser fieles y no caeremos.

Así que ánimo, no tengamos miedo a la prueba ni a la tentación, Dios la permite por nuestro propio bien, debemos confiar que vamos tomados de su mano y con Él nada nos puede suceder.