Todos queremos que nuestras oraciones a Dios siempre sean escuchadas y atendidas en el momento y según en los términos en los que lo pedimos. Yo te puedo asegurar que nuestras oraciones siempre son escuchadas, aunque no siempre atendidas como nosotros queremos. Hoy vamos a descubrir qué es lo que se necesita para que sean atendidas.

Seguimos escuchando la primera carta del apóstol San Juan, en donde hemos estado escuchando ciertas exhortaciones para llevar una vida plena y de santidad. Hoy San Juan nos dice cómo podemos obtener todo lo que le pedimos a Dios, ya que en la 1Jn 3, 22-4, 6, escuchamos lo siguiente:

Queridos hijos: puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio.

Muchas veces nos sentimos con el derecho de exigirle a Dios que nos de tal o cual cosa, que nos resuelta los problemas de tal o cual manera, que atienda nuestras suplicas en el momento en que nosotros queremos. Pero ¿Acaso cumplimos el requisito único que Dios nos pide? Hoy escuchamos que San Juan nos dice que ese requisito es cumplir los mandamientos de Dios y hacer lo que a él le agrada. ¿Qué tanto cumplimos esto? Ya que Dios nos concede cualquier cosa que le pedimos confiadamente si es que somos fieles a sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

Además, me llama mucho la atención algo que descubro hoy en esta Carta del Apóstol San Juan, que hay dos actitudes que no se pueden separar, creer y amar siempre van juntos, siempre van de la mano. Ya que San Juan dice éste es su mandamiento: creer en Jesucristo y amarnos los unos a los otros. Nunca dijo estos son los dos mandamientos, sino que dice éste es su mandamiento.

Esto nos enseña que creer y amar son dos aspectos de un mismo mandamiento; no son dos mandamientos, sino uno solo. Esto es algo básico, ya que el verdaderamente cree en Jesucristo, expresa esta fe en la vivencia del amor verdadera y de la caridad; mientras que para que mis acciones sean movidas verdaderamente por la caridad, necesitan estar impulsadas por la fe en Cristo Jesús.

Hoy creo que debemos ser sinceros con nosotros mismos y delante de Dios, para reconocer que muchas de las cosas que no hemos recibido de Dios se debe a que no hemos sido fieles a sus mandamientos, que decimos creer en Él, estar cerca de Él, hablar con Él; pero, en el fondo, mis acciones no concuerdan con eso que decimos creer. ¿Qué tanta congruencia tenemos en la vivencia de nuestra fe?

Hoy en día creo que esto es muy actual, ya que se han metido en nuestros ambientes pseudo espiritualidades, que nos impulsan al bienestar, a una supuesta “trascendencia”, pero que no me llevan al compromiso concreto y real en la vivencia de la caridad con mis hermanos, lo cual nos demuestra que no es una fe verdadera. San Juan es muy claro, dice: “Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”. Puedo yo decir con mis labios que amo a Dios, pero si no amo a mis hermanos, si no cumplo sus mandamientos, me engaño a mí mismo y no permanezco en Dios, ni Dios en mí.

Por eso, debemos estar muy alertas y atentos para no dejarnos llevar por cualquier propuesta que el mundo nos hace. El amor verdadero siempre exige sacrificio, ya que para amar debemos vaciarnos de todo nuestro egoísmo y esto implica un movimiento de salida. El mismo San Juan también nos previene porque dice: “no se dejen llevar de cualquier espíritu, sino examinen toda inspiración para ver si viene de Dios, pues han surgido por el mundo muchos falsos profetas”.

Te invito a que le pidamos al Señor 3 cosas:

Una fe firme en Él, que no haya nada ni nadie que sea un obstáculo para encontrarnos con su Persona;

Pidámosle que seamos congruentes con nuestra forma de vida, que haga encender nuevamente nuestros corazones en su amor para que hagamos vida la fe que decimos tener.

Que nos regale el don del discernimiento para que no seamos engañados por propuestas anticristianas que nos apartan de Cristo Jesús.