El presente reporte es del documento emitido por la Sagrada Congregación para la Educación Católica el 1 de noviembre de 1983, pretendiendo dar pautas de educación sexual. Nunca debemos perder de vista que la formación de las personas debe de estar siempre ordenado a su fin último.

La sexualidad es un elemento propio de la personalidad y con la cual se expresa el amor humano. En el sexo encontramos las notas biológicas que constituyen hombre y mujer en el plano biológico, psicológico y espiritual. Además, la sexualidad no es reduccionista, sino que ésta abarca toda la persona. La sexualidad no es la pura genitalidad, ésta pierde su significado con el egoísmo y se convierte en desorden moral. Por su parte, la sexualidad sólo alcanza la madurez cuando está integrada por el amor.

Hace falta en la actualidad una sana y coherente educación sexual oportuna, además de una adecuada preparación de parte de los padres y de los educadores. La familia es el lugar preferente para la educación sexual y para la castidad, la cual debe ir en orden a su formación integral y a su fin último. La educación no se debe reducir a lo meramente corporal, sino que abarque todas las dimensiones de la persona, por tanto, se debe proponer la castidad como la virtud que ayuda a vivir el valor de la sexualidad bien orientado, ésta hace capaz de promover el carácter esponsal del cuerpo. Define la castidad como el dominio de si y hace capaz de orientar el instinto sexual al servicio del amor y de integrarlo en el desarrollo de la persona.

El cuerpo expresa desde su criaturalidad el amor de Dios; el hombre, en cuanto sexuado, expresa su llamado a la reciprocidad, al amor y al mutuo don de sí. El cuerpo también expresa su llamado a la fecundidad, fruto de su ser sexuado, el cual expresa diferencia externa, pero igualdad en su naturaleza y dignidad. Se debe tener mucho cuidado al reducir el valor de la sexualidad a la pura genitalidad, porque se corre el riesgo de desvalorizar al hombre y eso se ve mucho en la actualidad.

La virginidad es la vocación al amor y hace que el corazón se encuentre más libre para amar a Dios. Amor y fecundidad son valores propios de la sexualidad, los cuales se reclaman mutuamente y no pueden excluirse. Me llama mucho la atención la afirmación que hace el documento cuando dice que una verdadera educación no se limita a informar a la inteligencia, sino que comporta la educación de la voluntad, los sentimientos y las emociones. Para atender a la madurez afectivo sexual es necesario tener el dominio de sí. Son necesarias las virtudes del pudor, la templanza, el amor propio y la apertura al prójimo.

La fe es necesaria para que la educación sexual se realice plenamente, ya que por el bautismo su cuerpo ha sido vivificado por el Espíritu Santo. Además, el cristiano cuenta con la Eucaristía, la reconciliación y la dirección espiritual para cumplir la Voluntad de Dios y llevar una vida casta conforme el plan de Dios. Promovamos la práctica de la oración pues ésta es imprescindible para ser fiel al plan de Dios, ayuda a no caer en un moralismo.

La familia debe ser el mejor ambiente que ayude un ámbito propio para vivir la castidad y se cree una personalidad equilibrada. Se debe establecer una relación de diálogo que ayude y cree un clima de confianza entre padres e hijos. Además se debe ayudar a formar rectamente la conciencia e inculcar una cultura que favorezca el respeto a la vida desde sus inicios.

La educación sexual comporta una dimensión eclesial y la catequesis está llamada a ser un espacio fecundo para la renovación de toda la comunidad eclesial, donde se debe recalcar que la primera vocación del cristiano es amar; esto se realizar mediante dos caminos: el matrimonio o el celibato por el reino.

En la catequesis prematrimonial se debe enfatizar en el verdadero sentido del matrimonio, el cual es la unión y la procreación. La estabilidad y la fecundidad del matrimonio exigen la castidad, la formación del carácter y la vivencia del espíritu de sacrificio. Por tal motivo, para poder vivir los designios de Dios, es importante que los matrimonios conozcan los métodos naturales para el reconocimiento de la fertilidad.

Se debe tener mucho cuidado con la comunicación social para que ésta no dañe la correcta educación sexual, la cual tiene como objetivo la maduración afectiva de la persona. Por su parte, los educadores deben estar perfectamente bien equilibrados en lo afectivo. La información que se comunique a los jóvenes debe siempre estar prevalecida por la verdad, sin esconder los problemas y obstáculos a los que se van a enfrentar los jóvenes. La objetividad y prudencia deben reinar siempre en las intervenciones que se tengan con los jóvenes en materia de educación sexual.

Insistir en los valores humanos y éticos es tarea urgente, sin esconder las dificultades propias de la castidad, pero sin dejar de mostrar las bondades de ésta. Dichos valores deben ser presentados con convicción y testimonio de vida. No se debe tener miedo a proponer el pudor como un elemento fundamental de la personalidad, el cual ayuda a respetar el cuerpo como don de Dios.

Entre los jóvenes hay que fomentar la verdadera amistad, la cual se da por la íntima comunicación. El verdadero amor es la capacidad de abrirse generosamente al prójimo, sabe respetar su libertad, no es egoísta, no se busca a si mismo en el otro. Es oblativo y no posesivo. Cuando no se es oblativo se tiende a genitalidad y se busca una satisfacción personal. Por tanto, una auténtica educación debe conducir a los adolescentes al dominio de sí y hacia una madurez afectiva. Hay que ayudar a los jóvenes con el mal hábito de la masturbación, ayudándoles a abrirse a los otros y a darse en obras de justicia y caridad.

Invita a la atención pastoral a los homosexuales. Invita a que las familias y los educadores creen climas de confianza para que los que tienen problemas de homosexualidad pueden salir. Cuídese del abuso del consumo de droga pues no favorece al autocontrol de la sexualidad. El deporte debe ser promovido, pues posee un valor como sana distracción que ayuda a superar el egoísmo y a donarse a los otros. Finalmente, es tarea de los padres la prevención. En la familia se debe favorecer el amor y la comunicación para que se de un clima favorable para la madurez afectiva y sexual, la cual nace de la fe.