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Mira cómo se defendió para no manchar su PUREZA

¿Te ha tocado presenciar alguna injusticia? ¿Has visto algún soborno o algo que pudiera caer en una forma de injusticia? ¿Qué hacer hecho ante ello? Todavía más fuertemente me gustaría que nos preguntáramos ¿Qué tanta valentía tenemos para defender a un inocente? O bien ¿Qué tanta valentía tenemos para perdonar y defender a un culpable?

Hoy, en la primera lectura, se nos cuenta cómo Daniel defendió a la casta Susana de ser condenada inocentemente, y en el Evangelio se nos habla de que debemos ser testigos de Jesús, quien es la luz del mundo. Creo que ambas lecturas van de la mano, porque no podemos ser luz del mundo, siendo cómplices de las injusticias.

El libro de Daniel nos narra la historia de Susana, la cual fue injustamente acusada por dos ancianos que ardían en deseos por ella, pero ella los rechazó por mantenerse pura y casta. Los ancianos, por la negativa de esta mujer, deciden calumniarla y acusarla falsamente, pero Susana, con una total confianza en la intervención de Dios, sale victoriosa y es defendida por Daniel.

¿Qué tanta valentía tenemos para defender al inocente? ¿Qué tanto coraje tiene nuestro corazón para ir en contra de la injusticia? Muchas veces, aun siendo testigos de la verdad, callamos por miedo o por complicidad.

Además, también sería bueno que nos cuestionáramos qué tanta valentía tenemos para mantenernos puros y castos y no dejarnos llevar por la rienda suelta de nuestras pasiones. Es muy importante que aprendamos a controlarnos y a fortalecer nuestra voluntad, ya que cuando las pasiones nos dominan, éstas nos van a llevar a cometer las más grandes atrocidades.

Daniel intercede valientemente por defender a Susana de una condena injusta. Me llama mucho la atención cómo Daniel discutiendo con aquellos cobardes les dice: “También a ti tu mentira te costará la vida”. Esta frase me hace mucho ruido en el corazón, ya que cuando nos valemos de las mentiras para ocultar nuestras faltas, o bien, para conseguir lo que queremos o darles rienda suelta a nuestras pasiones; las mentiras nos costarán la vida, pues nos van a ir destruyendo lentamente.

Debemos aprender a ser cristianos de una sola pieza, no podemos pasarnos la vida mintiendo y ocultando cobardemente nuestros pecados, ya que no hay nada oculto que no llegue a saberse. Si hemos cometido alguna injusticia, si hemos cooperado con el mal, si hemos lastimado a alguien; también debemos tener la humildad para enfrentar lo que hemos hecho.

El testimonio de la casta Susana nos enseña a no ceder a ninguna presión o amenaza, antes bien, confiar totalmente en Dios, quien protege cabalmente a sus elegidos, más a quienes se mantienen fieles a Él.

En el evangelio de hoy, tomado de Jn 8, Jesús nos recuerda lo siguiente: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en la oscuridad y tendrá la luz de la vida”. Más adelante les dice el mismo Jesús: “Ustedes juzgan por las apariencias”. Así que si queremos ser luz del mundo, como Cristo, debemos comenzar por ser valientes e ir en contra del mal en el mundo, decididos para defender la verdad y la justicia, incluso, cuando nuestra acción nuestra nos cuesta trabajo.

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