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Mira como Jesús le sanó el corazón…

Todos tenemos muchas cosas que cambiar, este tiempo de Cuaresma es una oportunidad para ello. Hoy se nos invita a descubrir, en el llamado que Jesús se le hace a Mateo, cómo es que él pasó de una vida cómoda, un tanto mediocre y resuelta a una vida de esfuerzos continuos. ¿Qué le llevó a dar este paso tan radical? Sin lugar a duda, el amor que experimentó de parte de Jesús. Veremos cómo la iniciativa de salvación viene siempre de Dios, pero al hombre le toca aceptarla y responder, siguiendo a Jesús.

Veamos qué nos dice el Evangelio de Lc 5, 27-32:

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano, llamado Leví (Mateo), sentado en su despacho de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su casa un gran banquete en honor de Jesús, y estaban a la mesa, con ellos, un gran número de publicanos y otras personas. Los fariseos y los escribas criticaban por eso a los discípulos, diciéndoles: “¿Por qué comen y beben con publicanos y pecadores?” Jesús les respondió: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.

Vemos hoy la respuesta valiente y decidida de Mateo, conocido también como Leví, que cuando escucha la invitación de Jesús a seguirlo, deja todo, se levanta de la situación en donde estaba y sigue al Señor. Además, lo celebra y con ello nos muestra el deseo de cambiar su forma de vivir.

Me sorprende la libertad que tiene Jesús para llamar a quien quiere y cuando quiere. Jesús no se deja llevar por los juicios humanos, por la apariencia de los hombres, sino que siempre mira el interior del corazón. No es un Dios que sea de pasado, es decir, que vea los errores cometidos, sino que es un Dios de futuro, es decir, que ve el horizonte de nuestra vida y sabe que tiene un futuro prometedor, nunca deja de confiar en el hombre.

Jesús se atreve a llamar a un publicano, un recaudador de impuestos para los romanos, la potencia ocupante en su momento, una persona que era muy mal vista por toda la sociedad, un pecador en la concepción social de ese tiempo. Ellos eran vistos por los judíos fervientes como pecadores públicos con quienes se tenía que evitar todo trato. Pero, una vez más, vemos el corazón misericordioso de Jesús que no juzga como los hombres, escoge al que quiere, sin tener en cuenta las apariencias humanas.

Además, hoy debemos estar listos y preparados para la llamada de Jesús, ya que no sabemos cuándo llegará y en qué momento nos encontrará. Así como sucede con la muerte, de que no sabemos cómo nos llegará y en qué momento. La llamada de Jesús llega en el momento querido por Él. Mateo no se encontraba en un retiro espiritual, no estaba haciendo apostolado, no estaba visitando a las personas enfermas, sino que estaba en un día común y corriente, en su trabajo, haciendo lo suyo, y ahí no pudo prever el paso inesperado de Jesús por su vida, encuentro que le cambiará y transformará para siempre. Así que nosotros debemos dejarnos encontrar por Cristo, en donde quiera que estemos, Dios siempre sale a nuestro encuentro y nos llama siempre a seguirlo.

Siempre me ha impresionado de este llamado, la respuesta de Mateo. Ya que no duda, no calcula, no mira para atrás, no siente miedo, no tienen expectativas… sino que se levanta de golpe, lo deja todo y sigue a Jesús. Esto me lleva a pensar en cuántas situaciones hemos desperdiciado a lo largo de nuestra vida por todos nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestros cálculos, nuestros pensamientos negativos, el no creernos la llamada del Señor. Debemos aprender de Mateo que él no desperdició el voto de confianza que le dio Jesús, al contrario, lo aprovechó al máximo, lo dejó todo y lo siguió.

Por eso, hoy te invito a reflexionar en relación a ti mismo: ¿Cómo aprovechas las oportunidades que Dios te ha dado? ¿Has sabido reconocer el paso de Dios en tu vida? ¿Has sido capaz de dejarlo todo para seguir al Señor que te invita a seguirlo de cerca? ¿Qué obstáculos encuentras en tu vida para no aceptar la llamada de felicidad que se te hace? ¿Qué excusas y pretextos le pones siempre al Señor?

Y en relación con los demás: ¿Qué actitud tienes para con los otros: la de Jesús que no juzga y ama siempre; o la de los fariseos que juzgan y condenan duramente a los demás? ¿Eres de los que catalogan a las personas de buenas o malas y te encierras en tu posición de perfecto y santo? ¿Eres capaz de darle un voto de confianza a los demás, tal como lo hizo Jesús, aunque se hayan equivocado atrozmente? ¿Ayudas a reintegrar a los que han caído o eres indiferente ante ellos?

Recordemos que estamos en tiempo de Cuaresma y el Señor nos invita a reconsiderar nuestras actitudes. Que Dios nos permita ser dóciles a la llamada que nos hace a seguirlo a Él y a ser rostros de misericordia para con los demás.

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