A muchos matrimonios que enfrentan graves dificultades, se les agotan las fuerzas muy fácilmente cuando lo único que se quieren son resultados fáciles, prácticos y mágicos; pero sin poner esfuerzo alguno. Cuando los problemas llegan a tu matrimonio, no es momento de tirar la toalla, al contrario, es momento de ponerse en acción y trabajar más duro para fortalecer el amor.

La lucha en los momentos de dificultad, cansa y desgasta, por eso deben poner toda su confianza en Dios y pedirle su ayuda, además de poner todo su esfuerzo. Escuchamos frecuentemente algunas frases pesimistas de matrimonios que han perdido la esperanza en el cambio. Muchos comienzan ya vencidos antes de enfrentar la batalla.

Quisiéramos compartirles lo que le sucedió a un sacerdote. Resulta que un joven que llevaba algunos años de casado fue a hablar con un sacerdote que era su amigo, para quejarse de su mujer. Estuvo un largo rato explicándole por qué estaba convencido que él y su mujer eran incompatibles. ¡Divórciate!, fue la tajante respuesta de su amigo sacerdote. El joven estaba muy sorprendido que el sacerdote sugiriera algo que, en el fondo él deseaba, pero que no esperaba escuchar de su amigo. ¿Qué me divorcie, dijiste? Sí, contestó el sacerdote, divórciate, pero de la imagen que te has hecho de tu esposa y cásate con la mujer que te ama y quiere hacerte feliz.

Cuánta razón tenía aquel sacerdote, ya que, ante los problemas que se experimentan a diario en el matrimonio, se pueden ir creando ciertas imágenes falsas del cónyuge. Algunas de ellas son producto del desgaste tan fuerte que se sufre por no encontrar la salida o la solución. Pero muchas de ellas son el resultado de no querer trabajar y esforzarse por alimentar el amor conyugal a través de los detalles, del perdón o del diálogo.

Por eso, queremos ofrecerte 3 consejos que les ayudarán mucho. Primero, no juzguen por las apariencias, no se formen prejuicios del otro. Cuando no se conoce la situación y únicamente se habla por la herida que se tiene, se comienza a formar una imagen distorcionada de la otra persona.

Segundo, arriésgate a tomar la iniciativa y acércate a solucionar los problemas. Cuando dejamos que el ogullo y la soberbia se apoderen de nosotros, nos apartamos de los que amamos y buscamos salidas fáciles que no nos favorecen. La solución no está en evadir el problema, sino enfrentarlo con paciencia y amor.

Y tercero, fortalece tu voluntad a través de pequeños sacrificios por amor. Recuerden que, en una ocasión, llegaron los discípulos con Jesús desconcertados porque no había podido expulsar unos demonios y Jesús les dijo: “Hay algunos demonios que sólo salen con oración y ayuno”. Así que haz mucha oración y ciertos sacrificios con amor para que puedas alejarte de la imagen distorcionada que te has hecho del otro.

El Papa Francisco nos invita a luchar todos los días, porque no hay resultado sin esfuerzo, ya que dijo en una ocasión: “El matrimonio es un trabajo de todos los días, se puede decir que artesanal, un trabajo de orfebrería porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a la mujer y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre al marido”.

No busques la salida fácil, muere a tu orgullo y da el primer paso para reconstruir tu matrimonio. Y recuerda, sí, divórciate, pero de la imagen errónea que te has hecho del otro.