Hoy estamos celebrando la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, Reina de México y Patrona de toda América, quien nos invita a confiar en ella como nuestra Madre querida, quien intercede por nosotros y nos enseña el camino para amar a su Hijo Jesús.

Para la reflexión de este día, quisiera tomar la primera lectura de la liturgia de hoy, la cual está tomada del Eclesiástico 24, 23-31, que dice lo siguiente:

Yo soy como una vid de fragantes hojas y mis flores son producto de gloria y de riqueza. Yo soy la madre del amor, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza. En mí está toda la gracia del camino y de la verdad, toda esperanza de vida y de virtud. Vengan a mí, ustedes, los que me aman y aliméntense de mis frutos. Porque mis palabras son más dulces que la miel y mi heredad, mejor que los panales. Los que me coman seguirán teniendo hambre de mí, los que me beban seguirán teniendo sed de mí; los que me escuchan no tendrán de qué avergonzarse y los que se dejan guiar por mí no pecarán. Los que me honran tendrán una vida eterna.

Esta es una lectura hermosísima que nos debería llenar de alegría y esperanza. Las palabras que hemos escuchado pertenecen a un canto en el que la Sabiduría hace su propio elogio, estas palabras se refieren, pues, a la misma Sabiduría. Pero la tradición cristiana ha visto a María reflejada en esta Sabiduría de Dios, por ello aplican este himno a María, “Madre del amor, del conocimiento y de la esperanza», en cuanto que ella es Madre de Jesús, el Hijo de Dios.

De hecho, en las letanías del santo rosario, invocamos a María como “Trono de la Sabiduría”. Hoy quisiera hacer algunas reflexiones de esta bella lectura que hemos escuchado:

María, madre del amor:

María ha estado con nosotros en momentos de luz y de oscuridad, en momentos tristes y de profunda alegría. María Santísima viene a consolar a nuestro pueblo en los momentos que pasaba por grandes dificultades. Por el gran amor que nos tiene y compadecida de la situación de opresión que vivían nuestros pueblos, María bajó presurosa a la colina del Tepeyac, para mostrarle su amor a Juan Diego, y en él nos lo muestra a todos nosotros.

En el Evangelio que hoy escuchamos, nos cuenta la visitación de María a su prima Isabel, en donde vemos que María ya encinta, va presurosa a servir a su prima Isabel, quien era ya mayor y también embarazada necesitaba ayuda. Así también, María ha venido presurosa a nuestra nación necesitada de ayuda, y no se ha ido, sigue aquí viva y está presente.  

María, madre del temor:

Con esta referencia no nos dice que María es la que nos enseña miedo, sino que al ser madre del temor es la que nos enseña el temor de Dios, el cual siendo nosotros conscientes de todas las riquezas espirituales que Dios nos ha dado, hacemos con nuestra vida una reverencia y alabanza a Dios. De esta forma, pudiéramos decir que el temor de Dios es una expresión de nuestro amor a Dios, es cuidar en todo que nuestra vida no sea más que una alabanza al Señor. María, con toda su vida, esto fue lo que vivió, una gran alabanza y adoración a Dios.

María, madre de la santa esperanza:

¿En dónde debe estar puesta la esperanza del cristiano? Pues únicamente en Cristo Jesús, y María Santísima es su Madre, fue el instrumento humano que hizo posible que el Verbo de Dios, se encarnara en esta tierra. Cristo nos viene a traer la esperanza a nuestra vida. ¿Qué tanto hemos depositado nuestra fe y nuestra esperanza en Cristo?

Una verdadera devoción mariana nos deberá siempre referir a Cristo, en amar y servir al Señor. En María tenemos ese bello ejemplo, pues ella, no es una mujer que se deprima ante las incertidumbres de la vida, especialmente cuando las cosas no van muy bien que digamos; tampoco es una mujer que proteste violentamente, que injuria contra otros, sino que es una mujer llena de amor y de esperanza, que sabe escuchar y guardar silencio, para meditar todo en lo profundo de su corazón.