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Los rectos y coherentes se vuelven gente incómoda, pero no hay que temerles…

La fidelidad y la honestidad dan vida a cualquiera, pero cuánto cuesta ser coherente en un mundo que te invita a ser corrupto e hipócrita; o, incluso, en donde todo es competencia. La honestidad sólo es posible cuando llevas a Cristo en el corazón, cuando su gracia y su oración te sostienen, sólo así podrás dar testimonio auténtico de la verdad.

Hoy la reflexión la quiero hacer de Sabiduría 2:

Los malvados dijeron entre sí, discurriendo equivocadamente: “Tendamos una trampa al justo, porque nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados. Presume de que conoce a Dios y se proclama a sí mismo hijo del Señor.

Ha llegado a convertirse en un vivo reproche de nuestro modo de pensar y su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás y su conducta es extraña. Nos considera como monedas falsas y se aparta de nuestro modo de vivir como de las inmundicias. Tiene por dichosa la suerte final de los justos y se gloría de tener por padre a Dios.

Veamos si es cierto lo que dice, vamos a ver qué le pasa en su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos. Sometámoslo a la humillación y a la tortura para conocer su temple y su valor. Condenémoslo a muerte ignominiosa, porque dice que hay quien mire por él”. Así discurren los malvados, pero se engañan; su malicia los ciega. No conocen los ocultos designios de Dios, no esperan el premio de la virtud, ni creen en la recompensa de una vida intachable.

Los que intentan llevar una vida recta y coherente, se convierten en alguien incómodo para aquel que vive en la injusticia. Los malvados acusan al justo de convertirse para ellos en un continuo reproche y, no queriendo corregir sus conductas perversas, deciden deshacerse de él, y lo hacen cometiéndoles injusticias, defraudándole, insultándole, haciéndose las víctimas, levantando calumnias, etc.

Cuando el testimonio de una persona recta cala en la conciencia de alguien y éste no quiere cambiar ni sentirse interpelado, al que vive coherentemente se le perseguirá hasta la muerte. Esto mismo fue lo que Jesús pasó en vida, el justo por excelencia, que fue maltratado, lacerado, humillado y condenado a muerte. Jesús es el prototipo del justo que resulta incómodo y cuyo testimonio se quiere silenciar.

Muchas veces preferimos acoplarnos o amoldarnos a esta vida de injusticias o incoherencias, antes de sufrir por defender nuestros valores. ¿Qué tipo de profeta eres: un verdadero profeta que es signo de contradicción por la vida coherente y fiel al Evangelio que llevas? o bien, ¿Eres un falso profeta que no transmite lo que Dios quiere, sino lo que la gente espera y quiere escuchar?

Por tanto, te invito a que juntos le pidamos al Señor nos conceda ser enamorados de Él, ya que lo único que convierte y transforma el corazón del hombre es el amor de Dios. Estamos llamados a ser signos de contradicción, a ser sal de la tierra y luz del mundo, nuestro testimonio coherente de vida cristiana se debe notar, no debemos ser cristianos del montón, insípidos o incapaces de iluminar.

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