Este documento que fue escrito por San Gregorio Magno data de su vida como Pontífice y es escrito por petición de Juan de Ravena en el año 591. Es una documento muy sencillo en su escritura, pero con un aporte doctrinal muy amplio, que podría ser como una especie de manual práctico para los pastores de almas. De manera muy general, sabemos que San Gregorio Magno fue prefecto de Roma en el año 571 y por deseos de una alta santidad renuncia a toda gestión pública, vende todo e incluso llega a construir seis monasterios para la vida contemplativa.

El documento está divido en cuatro apartados, a saber: la vocación, la vida, el ministerio pastoral y la humildad que debe tener el pastor de almas en su oficio pastoral. En el primero, en cuanto a la vocación del pastor, esboza cómo el pastor en el gobierno de las almas está llamado a una vida de entrega y de servicio; en cuanto a su vida, manifiesta cómo debe estar regida siempre por la rectitud de intensión y una buena disposición; su ministerio pastoral será siempre el de anunciar el Evangelio; y deberá siempre vivir en su magisterio en una alta humildad.

La aplicación que haré de este documento lo realizaré según cada una de los cuatro apartados. En cuanto a la vocación del pastor, considero muy importante resaltar que la vida de oración debe ser siempre la prioridad en la vida pastoral para no dejar que la soberbia invadan esta vocación de tan alta dignidad a la que estamos llamados, igualmente, para mantenernos fieles a las enseñanzas del Señor, debemos profundizar e imbuirnos de la Verdad para poder salir a predicar no nuestras ideas, sino las propias del Señor. En esto creo que debemos poner mucha atención, porque por el correr del tiempo o de las actividades de la vida del Seminario, se corre el riesgo de no profundizar lo suficiente y se predique en algún momento pensamientos propios.

Exhorta a que haya una coherencia de vida y a que se testifique a los fieles con las actitudes de vida y no sólo palabras que pudieran ser huecas o vacías. Creo que un consejo que se pudiera aplicar muy bien a la vida del Seminario y en la mía en particular, es que recomienda que no se mengue la vida interior con las actividades de la en el gobierno de las almas, se deberá cuidar la sinceridad de todos los actos a realizar. Creo que en el Seminario se corre un riesgo con la vida espiritual, y no me refiero de eliminar la vida interior, pero sí de que se vea fraguada en calidad por un activismo mal llevado.

En cuanto a la segunda parte del libro, referente a cómo debe de ser la vida del pastor en el oficio pastoral, invita a que éste tenga limpieza en todos sus pensamientos, que sea discreto y prudente, amante de la contemplación, que sea compasivo y humilde. La limpieza creo que es sumamente necesaria, y más en la decadencia que se viene viviendo en la Iglesia, esta limpieza debe ser interna y externa. Se recomienda para mantener la limpieza, una vez obtenida, no dejar nunca el temor de Dios, ya que éste va a purificar constantemente el interior del corazón. Creo que en nuestro futuro ministerio deberemos estar constantemente preguntándonos los motivos de nuestro actuar, las intenciones de nuestras palabras y obras.

Una virtud muy poco valorada en la cultura hedonista y secularizada que estamos viviendo es la ascética. San Gregorio invita a ser hombres ascetas, que mediante la abstinencia se mortifique la carne. No debemos ser hombres de blando espíritu, sino hombres entregados y decididos a vivir en la virtud. El apoyo seguro para la vivencia de la virtud siempre será únicamente la gracia de Dios. Con esto nos invita a que en este camino de preparación al sacerdocio no nos acostumbremos a la gracia de Dios, sino que sea una vivencia continua, que nos lleve a no apartarnos nunca de Dios, y que suscite en nosotros siempre la docilidad al Espíritu, en esta misma línea incentiva a la vivencia radical de la castidad.

Habla también de que el pastor debe estar siempre disponible para las ovejas, y que las actitudes de éste nunca sean despóticas o autoritarias. El acercamiento con los fieles debe hacer al pastor hombre que refleje y viva la bondad y la comprensión para con todos los fieles. Cito a San Gregorio quien dice que al corregir es necesario que haya “amor sin excesivas blanduras; entereza, sin exasperaciones; celo, sin encarnizamiento; y bondad, sin relajamiento en el perdón”. Que el pastor tenga siempre en mente que a la única persona que tiene que agradar es a Dios, para que se cuide de la tentación de la vanagloria y la soberbia queriendo agradar a los hombres.

Referente al tercer apartado de la Regla Pastoral, concerniente al ministerio pastoral, se dan sencilla y claramente líneas para la predicación y orientación de muchos tipos de personas, por ello es el apartado más extenso. Enfatizará que la predicación se debe hacer siempre según la realidad de a quien se predica para que ésta sea eficaz. En líneas generales exhorta a la prudencia, a no dejarse llevar por el orgullo, a mantenerse en un estado continuo de vigilancia, a aprender a poner límites en el obrar y cuidar de no caer en la desidia y a librarse de la glotonería, entre otras. Exhorta claramente a que el pastor “ha de hacer más ruido con sus virtudes que con sus palabras; ha de trazar el camino por donde han de seguirle sus oyentes, más con edificante conducta que con sus enseñanzas”.

En cuanto a la aplicación concreta para mi vida, creo que debo fortalecer lo que él recomienda, forjar y mantener en todo la paciencia, ya que ésta ayudará a saber mediar los excesos, incluso la impaciencia puede hacer caer en la soberbia. Manda cuidarse de la murmuración, principalmente de los superiores, para no faltar contra Aquel que los ha instituido como autoridad; creo que aquí en el Seminario por el ambiente, uno corre el riesgo de dejarse llevar por la crítica y los juicios innecesarios. Invita a cuidar muy bien las sanas amistades, para que no nos veamos amarrados a la “cadena de la culpa” por la relación de una imprudente amistad. También algo que considero importante cuidar mucho en el ambiente es buscar sólo el agradar a Dios, porque muchas veces se está mendigando la alabanza humana y no podemos malbaratar las obras de virtud por subsanar una necesidad humana, como lo es el reconocimiento.

Finalmente, en cuanto a la cuarta parte, que se refiere a la vivencia de la humildad en el oficio pastoral, invita constantemente a la práctica del temor de Dios para no caer en una personal y oculta complacencia. Nunca debemos gloriarnos de nuestra seguridad personal, porque el alma se puede envanecer de sus propias virtudes o  cualidades, ya que esto lo llevará a otros pecados peores. San Gregorio muy duramente dice que “el alma desposeída del temor de Dios busca su gloria personal”.

Considero, pues, que este documento de la Regla Pastoral me ha ayudado personalmente para entrégame con más generosidad a la búsqueda diaria de la Voluntad de Dios, motivándome a una donación total de mi persona en esta preparación para llegar a ser algún día, si Dios lo quiere, sacerdote que lleve a las almas a Cristo.