Somos muy buenos para atribuirnos nuestros éxitos, pero cuando nos va mal en la vida, somos expertos en culpar a otros de nuestras desgracias. Hay que recordar que todo en la vida es cuestión de saber elegir bien, pues en todo momento estamos siempre eligiendo, desde a qué hora levantarnos, qué comer, cómo vestirme, cómo peinarme, dónde estudiar, en dónde trabajar, etc.

La vida, pues, es una constante toma de decisiones. Hoy en Dt 30, 15-20 se nos dice que en la vida solo hay dos tipos de decisiones: buenas o malas. Voy a entresacar dos pedazos del texto en los cuales me quiero centrar.

Esto dice el Señor: “Mira: Hoy pongo delante de ti la vida y el bien o la muerte y el mal. Si cumples lo que yo te mando hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos, cumpliendo sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y te multiplicarás.

Elige la vida y vivirás, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él; pues en eso está tu vida y el que habites largos años en la tierra que el Señor prometió dar a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob”

Nos encontramos ante la conclusión del último gran discurso atribuido a Moisés, en el cual nos damos cuenta de que en la vida sólo hay dos elecciones: el bien o el mal, la vida o la muerte. San Ignacio de Loyola en su libro de los ejercicios espirituales también nos habla de esto y él le llama la meditación de las dos banderas, quien nos presenta al mundo como en un gran campo de batalla en donde se enfrentan dos ejércitos, y el cristiano deberá saber elegir en cual bando estar… bajo la bandera de Cristo o bajo la bandera de Satanás. Esta figura también conocida como la de los dos caminos nos pone siempre el contraste la fidelidad o la rebelión, la bendición o la maldición, la vida o la muerte, nosotros elegimos lo que queremos para nosotros.

Quiero compartirles una frase que nos dijo un día el Card. Oscar Andrés Rodríguez Madariaga en unos ejercicios espirituales que nos impartió, en donde nos compartía “nunca olviden que elegir es renunciar”. Es completamente cierto, muchas veces no elegimos bien, no elegimos lo mejor, o simplemente, no elegimos desde nuestra libertad. Cuando hacemos una elección, en realidad hacemos una doble elección. Si yo elijo la pluma negra para escribir, estoy eligiendo la pluma negra, pero también estoy eligiendo no usar la roja.

El problema en la vida del cristiano es cuando elige queriendo quedarse con todo. Me explico, quiere elegir el camino de la felicidad y de la plenitud, pero no quiere deshacerse de todo aquello que no lo lleva a la felicidad plena, por ejemplo: quiere estar bien con Dios, llegar un día al cielo, estar bien en la vida, es decir, eligen el camino del bien… pero a la vez no quieren dejar el placer, la sensualidad, el éxito fácil, la mentira, la deshonestidad, los vicios, etc. Al final de cuentas, quiere el bien, pero sin dejar el camino del mal. Esto es imposible.

Hoy que ya estamos en Cuaresma, tiempo especial para hacer un alto en nuestra vida y reflexionar para dónde vamos. Debemos preguntarnos por cuál camino vamos ¿Por el camino de Dios o el del mundo, que es el de Satanás? No nos podemos engañar, no podemos en la vida ser luz y tinieblas, juez y parte, agua y aceite… debemos optar por un solo camino, el del bien o el del mal, el de la vida o el de la muerte.

Además, en el Evangelio de hoy tomado de Lc 9, el Señor nos dice: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y que me siga”. Aquí está el problema, nuestra felicidad la basamos en el sentirme bien, en el estar a gusto, en ir a misa cuando me nace, en comprometerme cuando me conviene, en esforzarme sólo cuando voy a obtener un beneficio, etc.

La felicidad plena y verdadera la encontramos en la forma de amar y de entregarnos, aceptando con amor la cruz que el Señor nos comparte a diario. Cuando uno está enfermo, elige lo que más le conviene para su salud, y esto no siempre es lo más placentero. Pensemos en alguien que padece algún tipo de cáncer, cuando elige el camino de la salud, sería más placentero tomarse una sola pastilla y que los dolores desaparecieran, pero en ocasiones tiene que elegir por algo más doloroso como la quimioterapia. Debemos siempre pedir la sabiduría para elegir lo que más nos conviene para nuestra salvación, aunque no sea lo que más nos gusta o lo que menos trabajo nos cuesta.

Ánimo, ya comenzamos la Cuaresma, te invito a elegir el camino del bien y de la vida, el camino de la gracia y del amor, el camino del arrepentimiento y la confesión. Ten fe en Dios, que si tú eliges su camino, Él te asegura la felicidad eterna.