Hoy que está tan escasa la gasolina por el gran desabasto que experimentamos, podemos encontrar una buena advertencia en el Evangelio de hoy para nuestra vida espiritual. Esto lo digo porque hoy cómo cuesta trabajo dónde cargar nuevamente combustible, tenemos que andar con cuidado, acortar distancias, no meter el acelerador hasta el fondo, en una palabra, andamos con más cuidado por la escasez.

Pues hoy el Señor nos recuerda cuál es nuestra misión y nos invita a también andar con cuidado, porque nuestra misión es ser reflejo de su Persona con los más pobres. Me inspiro en el Evangelio de Lc 4, 14-22, en donde escuchamos que Jesús leyó en la sinagoga un texto del profeta Isaías, el cual dice así:

El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Este texto hablaba precisamente de él mismo y esto nos recuerda que evangelizar a los pobres, caminar con ellos y ser signos de esperanza, es la misión fundamental de Jesús y deberá también ser la nuestra que nos decimos cristianos. El cristiano deberá vivir como Cristo.

En este texto de Isaías que leyó Jesús en la sinagoga recordamos que Jesús ha venido a traernos la libertad que tanto necesitamos. Esto nos debe fortalecer mucho porque recordamos que Jesús se acerca a nosotros en todo momento para liberarnos de tantos males y opresiones, de todas nuestras adicciones y esclavitudes.

Quisiera hacer una aplicación de este texto a nuestra vida, en donde estoy seguro que todos cabemos en una de las cuatro categorías de las que habla este evangelio, veamos:

Llevarle a los pobres la buena nueva

Dice el evangelio que Jesús ha venido a llevar a los pobres la buena nueva, no está diciendo que les llevó comida a los pobres o algo material, sino la buena nueva, es decir, el mensaje de Salvación. Todos somos pobres cuando nos instalamos en las cosas de la tierra, porque nos arrastramos y nos dejamos consumir por lo que termina y se acaba. Nuestra única riqueza en realidad es la gracia de Dios porque esta no termina nunca y nos da la vida eterna. La riqueza material va y viene, pero la riqueza espiritual permanece hasta la vida eterna. Alguna vez escuché a alguien decir que “rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita”, no me desagrada la expresión, porque entre más tienes, vives una esclavitud.

Anunciar la liberación a los cautivos

Dice que también ha venido a anunciar la liberación a los cautivos. Alguien pudiera pensar que no estamos cautivos, presos o encerrados; pero yo creo que muchos sí vivimos cautivos y esclavos de nuestros pecados y adicciones. El Señor nos viene a liberar de todas esas actitudes o acciones concretas que nos quitan la libertad y nos atan, nos controlan y nos destruyen.

Ofrecer la curación a los ciegos

También dice que ha venido a ofrecer la curación a los ciegos. Algunos pudiéramos ver con los ojos de la carne, pero no con los ojos de la fe. Cuando vivimos atados a la tierra en los bienes materiales o cuando estamos esclavizados a ellos de alguna manera, no podemos ver con claridad, tendremos miopía espiritual para poder reconocer las cosas de Dios. Y Jesús viene a operar nuestros ojos de la fe, a quitarnos las cataratas espirituales que nos desdibujan su figura.

Dar la libertad a los oprimidos

Y, finalmente, dice que también viene a dar la libertad a los oprimidos. Muchas veces la esclavitud no sólo la experimentamos por nuestras propias limitaciones, adicciones o pecados; sino que a veces también nos hemos deja someter por alguien más. Pienso cuando un pueblo elige a un mal gobierno y éste los oprime y sobaja. Bueno, pues también de eso, el Señor viene a liberarnos, pero no lo puede hacer si nosotros no le damos la oportunidad de actuar en nuestra vida, en nuestra patria o en nuestros hogares.

Como vemos, el Evangelio hoy nos viene a consolar y a llenar el corazón de esperanza, abrámosle nuestro interior al Señor que quiere regalarnos su paz y su consuelo.