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Jesús no nos manda a la batalla sin las herramientas necesarias, hoy nos habla de una muy importante

Todos hemos pasado por alguna prueba y nos hemos sentido necesitados de los demás, se siente muy bien cuando experimentas la mano generosa de un buen amigo. Pero, qué triste se siente uno, cuando pasas una necesidad, pides ayuda y te sientes ignorado.

Pues como creyentes debemos saber que no estamos solos nunca, pues nuestro Padre Dios, siempre vela por nuestras necesidades, sean graves o no, sean pocas o muchas, sean importantes o insignificantes. Él es nuestro Padre y, por ello, se preocupa por todos y cada uno de nosotros.  

La vida de oración es la clave para no desesperarnos en la vida, en ella sentiremos la presencia de ese Padre bueno y misericordioso que nunca nos abandona. En las pruebas o dificultades de la vida, cuando no hacemos oración, es cuando la desesperación entra y se apodera de nosotros. Hoy, Jesús se pone de modelo, para saber cómo debe ser nuestra oración, reflexionemos Lc 11, 1-4:

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”.

Jesús no nos manda al campo de batalla sin las herramientas necesarias, además, nos da el ABC, o bien, las instrucciones detallas. Hoy, él mismo se presenta como el modelo de oración, ya que Él es quien inspira a sus discípulos a interesarse por aprender a orar como Él mismo. Dicen que lo bueno se contagia, y ellos, al ver a Jesús fundirse en la oración y ahí encontrar su fuerza, quieren aprender a hacerlo también ellos.

El verdadero discípulo es aquel que ora con Jesús y ora como Jesús. Ayer, el Señor Jesús con la actitud de María, nos enseñaba a estar atentos a la escucha de la Palabra, mientras que hoy insiste en la importancia de la oración.

Como ya lo he dicho, muchas veces no se ora en la vida, o bien, si se ora, se hace deprisa, por obligación, sin fe y sin perseverancia. Lo primero que debemos siempre tener presente es que la eficacia de la oración tiene su origen, más que en nuestra insistencia, en el amor que Dios nos tiene. Él da a sus hijos todo lo que piden con fe y con perseverancia, con limpieza de corazón. Y hoy el mejor modelo de oración lo encontramos en el Padrenuestro, el cual fue enseñado por Jesús a sus discípulos.

En el Padrenuestro debemos descubrirnos hijos necesitados del amor del Padre, esto nos debe llevar a un compromiso concreto que refleje ese amor que recibimos. Ya que en dicha oración le pedimos que nos perdone como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, por lo tanto, debemos aprender a no tener rencor, resentimiento, rencillas, etc.

Muchas veces vamos a la oración como merolicos, hablamos mucho, pero escuchamos poco; exigimos bastante, pero no damos nada. La oración debe ser un compromiso de amor que me lleve a un cambio concreto de vida. Por ello, muchas veces sentimos que oramos, pero no recibimos nada, en realidad, a veces oramos de una forma “convenenciera”, anhelando escuchar lo que queremos. Despojémonos de todo y dirijámonos a nuestro Padre que siempre nos escucha y nos ama.

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