En cierta ocasión estaba terminando la Misa de los niños y estaba viendo cómo una mamá estaba discutiendo con su niño de aproximadamente 10 años, quien estaba terco e insistente en que le compraran unos dulces. La mamá le dijo: “no te los voy a comprar, ándele póngase hacer berrinche hasta que se canse”.

Hoy vamos a escuchar en el Evangelio un gesto que Jesús le pide a sus discípulos que hagan si no los reciben, el cual pudiéramos pensar que es un berrinche por no ser recibido, pero no es así. Vamos a descubrir lo que Jesús nos quiere enseñar. Reflexionaremos en Mc 6, 7-13:

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce, los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos. Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica. Y les dijo: “Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos”. Los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban.

Este trozo de la Palabra es bellísimo porque nos invita a descubrir que Jesús llamó a los apóstoles para que compartieran lo que ellos a su vez habían recibido. Todos tenemos algo que compartir y dar a los demás. Además, Jesús nos llama a estar primero con Él para llenarnos de su amor y salir a compartir ese amor a los demás. Esto mismo pasó con los apóstoles, primero fueron invitados a estar con Él, para luego ir a compartir lo que de Él habían recibido. La dinámica del llamado de Dios no se puede entender con la lógica humana, sólo hay que entenderla desde la lógica del amor. Hoy te comparto tres características que debe tener el que es seguidor del Señor.

Debemos llenarnos de Cristo e ir en pobreza:

Cuando nosotros basamos el éxito de nuestras charlas, de nuestros apostolados o de nuestro actuar en lo externo, ya fracasamos, ya que la verdadera riqueza se lleva por dentro, y es el encuentro con Cristo. Si un predicador por más estrafalario que se presente o un ponente por más recuerdos tecnológicos que utilice, no están llenos de Dios, todo lo que hagan serán como diría San Pablo, como un metal que resuena.

Cuando Jesús les dice a sus apóstoles que no lleven nada para el camino, les pide que no basen su apostolado en seguridades humanas, sino en Él. Les pide que aprendan a estar despojados y desprendidos totalmente, ya que únicamente así es como se puede llenar uno de Dios.

El Señor no los manda solos:

Jesús pudo abarcar más comunidades enviándolos de uno por uno, pero decidió enviarlos de dos en dos. Esto nos enseña a que debemos aprender a trabajar siempre en comunidad y en fraternidad, a compartir las ideas, los proyectos. No podemos sentirnos dueños de la evangelización, no somos dueños del mensaje de Cristo, no compartimos nuestras ideas, sino el mensaje de Dios.

Sacúdanse los pies:

Esta frase me llama mucho la atención, porque nos puede parecer una actitud de berrinche o un puchero para reclamar el que nos hayan rechazado, pero no es así. Jesús no nos quiere berrinchudos, sino desprendidos, ya que cuando a alguien no lo reciben, se le puede pegar la negatividad, se puede regresar resentido, herido o lastimado. Jesús nos invita a estar totalmente desprendidos de todo, hasta de esto. Si en algún lugar no los reciben, sacúdanse su negatividad, su cerrazón, su terquedad y vénganse libres de todo rencor.

Así que ánimo, pidámosle al Señor que nos ayude a ser verdaderos discípulos de Cristo y que estas exhortaciones las podamos vivir con amor y generosidad.