Hoy quisiera dejar de manifiesto la grande labor que tienen los padres de familia para con sus hijos. Además de amarlos, guiarlos y acompañarlos en su caminar, lo más importante es ser testimonio coherente de una vida recta y un ejemplo de vida cristiana. Hoy vamos a ver la importancia de todo esto.

Hoy reflexionaremos en el Evangelio de Mc 6, 14-29, en donde vemos lo que sucedió en el tiempo del Rey Herodes, quien mandó decapitar a Juan el Bautista. Es un Evangelio un tanto largo, pero quisiera contextualizar lo que sucedió en aquella ocasión. Era la fiesta del Rey y se encontraban como invitados gentes muy importantes que le hacían los honores al Rey Herodes, por lo que, éste quería complacerlos y quedar bien con todos sus comensales.

Dentro del espectáculo, para entretener al Rey y a todos sus invitados, bailó muy sensualmente la hija de Herodías y le gustó tanto a Herodes y a sus invitados, que éste le prometió lo que fuera que ella le pidiera. Y como era una niña, le preguntó a Herodías su madre qué le podía pedir a su tío.

Herodías sentía mucho odio y rencor contra Juan el Bautista porque éste le había dicho a Herodes que no le estaba permitido tener por esposa a Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Por lo tanto, mal aconsejó a su hija y le dijo que le pidiera a Herodes la cabeza de Juan el Bautista y ésta obedeció.

En realidad, Herodes no lo quería hacer, ya que consideraba a Juan un buen hombre, pero fue muy cobarde y no supo defender sus convicciones, se dejó llevar por la pasión, por el orgullo, por el qué iban a decir, y esto lo llevó a mandar matar a un buen hombre.

Nosotros también, cuando en nuestro corazón se anidan malas intenciones y no sabemos sanar todas las heridas de nuestro corazón, todo esto nos llevará a pasar por encima de cualquiera, a quitar a los que nos estorben del camino y a cometer muchas injusticias; todo esto por intentar saciar un afán que nunca termina.

Además, vemos la importancia de que los padres sepan aconsejar a sus hijos al bien y a la verdad. Muchas veces no se toman bien su papel o su misión en el mundo y no son testigos coherentes con su vida y con sus obras.

Cuántas veces se puede relativizar o minimizar un comentario o una acción realizada frente a los hijos y pensar que no tienen una repercusión en ellos, cuando en realidad, se puede estar lastimando la conciencia de los hijos. Recordemos que los hijos pequeños son una especie de esponja que absorben todo lo que reciben de los padres, tanto de lo que dicen como de lo que hacen.

Por eso, pidámosle al Señor que nos regale un corazón fiel que sepa responderle a la misión que Él nos encomienda y que, a la vez, revisemos nuestro interior para sanar todas las heridas que nos puedan llevar a pasar por encima de los demás.