Algunos piensan que con ir a Misa ya lograron alcanzar la vida de santidad, pero descubren que aún yendo se siguen experimentando vacíos. Por eso nos preguntamos si acaso existe algo más importante que ir a Misa. Veamos lo que nos dice Lc 6, 1-5:

Un sábado, Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar, las restregaban entre las manos y se comían los granos. Entonces unos fariseos les dijeron: “¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?” Jesús les respondió: “¿Acaso no han leído lo que hizo David una vez que tenían hambre él y sus hombres? Entró en el templo y tomando los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer, comió de ellos y les dio también a sus hombres”. Y añadió: “El Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

Este trozo del evangelio nos presenta una actitud legalista de los fariseos, a los cuales no les interesa ver más allá de la letra de la ley. Están más preocupados del cumplimiento de la ley del sábado que de darle de comer al hambriento. Toda la vida la juzgan con criterios externos, sin descubrir el por qué se hacen las cosas. Han visto que los discípulos arrancaban las espigas, pero no se percataban del hambre porque nadie les había dado nada.

No olvidemos que Jesús apreciaba y cumplía la ley del sábado, además como todo buen judío, iba cada semana a la sinagoga, a rezar y a escuchar la Palabra de Dios con los demás, por ello estamos seguros de que cumplía cabalmente las otras normas relativas al sábado.

Por ello he planteado la pregunta de que si existe algo más importante que la Eucaristía. Por supuesto que la Eucaristía es el culmen de la vida del cristiano, pero más bien yo diría que a veces la Eucaristía queda infecunda en nuestra vida, no porque ésta no tenga poder, sino porque nosotros no estamos dispuestos y recordemos que la gracia supone la naturaleza dispuesta. Nos falta dejarnos impregnar por la caridad, porque recordemos que el legalismo exagerado mata el espíritu cristiano.

Lo anterior lo digo porque a veces se acude a Misa solo por cumplir con el precepto, estamos tan interesados en el “cumplir” que nos despreocupamos de la caridad, la cual es la virtud máxima en la vida del cristiano. Hoy Jesús lo deja muy claro, en el centro de nuestra vida deberá estar siempre la caridad, lo cual no significa no cumplir la ley, sino darle a ésta el lugar que Dios le ha dado.

Jesús hoy nos enseña también que en la correcta interpretación de la Ley no hemos de atenernos sólo a la “letra” sino al “espíritu”, es decir, no hacer por hacer las cosas, sino con el mismo espíritu de amor con que Jesús lo hacía. Por ello te invito a que juntos revisemos con qué fin hacemos las cosas, qué nos mueve a hacerlo, con qué actitudes hago lo que hago, etc.