Hoy las dos lecturas que escuchamos en Misa son muy importantes para mí, ya que la primera nos habla de la ternura de Dios, de cómo nos ve y nos trata el Señor, nuestro Padre, que, a pesar de que hemos sido infieles y nos hemos apartado un sinfín de veces de su amor, él no se cansa de amarnos y de manifestarnos todo su infinito amor.

Por su parte, en el Evangelio, seguimos escuchando ciertas indicaciones que Jesús les da a sus apóstoles, a quienes envía para que sean propagadores de la buena noticia del Reino de Dios. En el trozo evangélico de hoy, tomado de Mt 10, 16-23, escuchamos varias exhortaciones que Jesús les hace, pero me quiero centrar en una sola, la cual es muy interesante.

Les dice lo siguiente: “Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, astutos como las serpientes y sencillos como las palomas”. Lo primero que debemos rescatar es que Jesús les habla claro y les advierte que los envía a una misión difícil y complicada, ya que en el camino encontrarán dificultades y tropiezos, incluso habrá muchos que los querrán eliminar, ya que les advirtió que iban entre lobos, y muchos de ellos están disfrazados.

Esto nos puede causar extrañeza a muchos de nosotros, incluso, movernos del tapete, ya que se puede caer en la tentación de pensar que el seguimiento de Cristo es bien bonito, muy fácil y cero complicaciones, pero descubrimos que no es así. Que, por el contrario, mientras más fieles intentamos ser, más persecuciones experimentamos y más dificultades nos vamos topando.

Es por ello que Jesús les invita a fomentar dos actitudes igual de importantes y necesarias en su vida, la astucia de vida y la sencillez de corazón. Suena extraño Jesús rescate una cualidad de las serpientes y se las recomiende a sus apóstoles, ya que en la historia se ha asociado a la serpiente con el mal y con el demonio. Una aptitud que no se le podría negar a la serpiente es que es sabia, astuta, y posee una gran fascinación por crear estrategias y trampas para evitar que la gente conozca de Dios.

Pero, ¿Qué de bueno tendría una serpiente? Tomando la raíz de la expresión “astutos como serpientes” vemos que el término “astuto” en griego significa también prudente, sabio, cauteloso. Por lo que podemos resumirlo en una persona que sabe dónde se encuentra y procede con cautela para cualquier acción o decisión.

Es interesante analizar cómo actúa una serpiente en su entorno. Una serpiente al cazar se camufla con su entorno y pese a su clara agresividad, sabe esperar el momento preciso para actuar. Así mismo, al predicar la Palabra de Dios se debe hacerse de la misma manera, evitando agresiones y, más bien, proclamando el núcleo central del mensaje de salvación por medio de Cristo. No se trata de decirle a las personas lo pecadoras que son, sino esperar que muestren ese vacío existencial del pecado y llenarlo con el mensaje de Dios.

Además, así como la serpiente está lista y es astuta, al ya ser advertidos que irán en medio de lobos, debemos estar atentos a cómo actúa el demonio en nuestra vida, para estar prevenidos por dónde nos irá a atacar.

Muchas veces le hemos hecho caso a Jesús y nos hemos comportado como serpientes, lástima que no en su astucia, sino que a veces inyectamos el veneno mortal, nos hemos arrastrado por el mundo y nos hemos camuflado, pero para hacer el mal.

El Señor no se queda sólo con la recomendación de la astucia de las serpientes, sino que también les exhorta a ser sencillos como las palomas. ¿No parece acaso una contradicción? No, recordemos que cada vez que la astucia, la sabiduría, la prudencia y la inteligencia brillan en nuestra vida por la gracia de Dios, una puerta se abre para que entre el orgullo y el mejor antídoto para desactivar el orgullo es precisamente la sencillez, la inocencia y recordamos que en realidad somos simples, pero que Él es quién tiene todas las de ganar.

Así que estemos prevenidos de los ataques que el enemigo nos lanza a diario, para que, con la gracia de Dios, podamos salir victoriosos y podamos ser verdaderos discípulos de Cristo.