Muchas veces nos hemos preguntado dónde está la raíz de todos nuestros males, el por qué suceden ciertas cosas que nos lastiman o nos hacen sufrir. Hoy vamos a descubrir que la gran mayoría de las veces es porque nos hemos alejado voluntariamente de Dios y de sus mandamientos y hemos sido infieles al Señor.

Hoy, el profeta Isaías (Is 48, 17-19), nos habla de cómo el pueblo se ha opuesto a los planes de Dios y le echa en cara su infidelidad y le dice bien claro lo que ha perdido por no ser fiel al amor de Dios, se ha privado de muchas bendiciones gracias a su rebeldía y a que no quiso obedecer a Dios. El mismo pueblo rechazó el camino del bien y por eso le fue como le fue.

Hoy en día no creo que estemos muy alejados de esta realidad, ya que actualmente hay mucha indiferencia a las cosas de Dios. Acudimos a Dios y lo usamos, literalmente, cuando nos conviene o lo necesitamos; ya cuando el agua nos llegó al cuello, sí acudimos a Él, pero de manera convenenciera, pero cuando todo marcha bien, no nos queremos comprometer.

Hoy en el Ev. de Mt 11, 16-19 escuchamos también el rechazo del pueblo a las cosas de Dios. Lo hace Jesús proponiendo la comparación de los juegos y la música en la plaza.

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado’. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: ‘Tiene un demonio’. Viene el Hijo del hombre, y dicen: ‘Ese es un glotón y un borracho, amigo de publícanos y gente de mal vivir’. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras”.

Esto es claro, muchas veces nos cuesta trabajo el comprometernos, el cambiar de vida, y por ello, nos la pasamos echándole la culpa a todos, pero no hacemos nada para cambiar. Se propone la figura del Bautista, con un estilo de vida austero y de penitencia y fue rechazado por muchos diciendo: está endemoniado, es muy exigente, un exagerado, etc. Luego viene Jesús, que es más humano y cercado, y también es rechazado, la gente lo tachaba de comilón y bebedor.

Esto demuestra la actitud del que se justifica de todo y que en el fondo no quiere cambiar, a todos les encuentra defectos y siempre tiene excusas. Es por eso que Jesús reprocha a los hombres de esta generación ser como niños caprichosos, no saben lo que quieren, o bien, sí saben que no se quieren comprometer.

Para aquel que quiere vivir sin compromisos y vivir una vida de mediocridad es más fácil criticar que proponer, rechazar que apoyar, señal que sacrificarse. Para aquel que se siente autosuficiente y no necesita de Dios ni de los demás, todo lo critica, para él, todo está mal hecho. Rechaza todas las propuestas que se le presentan.

En el fondo de alguien que no se quiere comprometer se encuentra una gran inmadurez, ya que venga quien venga, diga lo que diga, haga lo que haga, en donde no hay amor verdadero que me lleve a un compromiso, ni sensibilidad, ni honradez, ni capacidad de entrega, habrá siempre tubos de escape, reacciones infantiles y excusas para no comprometerse.

Algunos ejemplos de esto: yo no asisto a ningún grupo parroquial porque todos los que están ahí son una bola de grilleros, yo no me confieso porque el Padre es más pecador que yo, yo no ayudo a la gente porque la hago floja y atenida, yo no voy y denuncio lo que está mal porque no me gano nada, al contrario, sólo pierdo mi tiempo, etc.

Y, a lo mejor todo lo que diga tiene razón, pero no es pretexto para sumarse a la gente apática, al contrario, viendo el mal, se debería armar de valentía para ayudar a otros a cambiar, no sólo criticar y no hacer nada. Ya que muchas personas que soy insatisfechos crónicos, que se refugian siempre en la crítica y los juicios, siempre se están quejando y no hacen nada.

¿Cuál es la excusa que hoy tú le pones a Jesús en tu corazón para no cambiar? ¿Cuántas cosas en el fondo del corazón nos preocupan o no nos dejan comprometernos con Dios?