Hoy te invito a que juntos recordemos todo lo que en su tiempo vivió la Madre Teresa de Calcuta, un amor hasta el extremo con el que fue capaz de desprenderse de todo cuanto tenía para servir a los más pobres de los pobres. Eso mismo es lo que hoy Jesús nos invita vivir en el Evangelio de Lc 14, 12-14:

En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

Hoy podemos descubrir una de las características fundamentales de la comunidad de cristianos, de aquellos que nos decimos discípulos de Jesús. Esta característica es la de estar abiertos a todos, en especial a los que carecen de lo más elemental.

Muchas veces, inconscientemente, podemos ser buenas personas y caritativos con quienes tengo alguna relación cercana y fraterna, pero a veces, nos cuesta trabajo reconocer a Dios en aquellos que no conocemos y hasta nos podríamos poner a juzgar las situaciones en las que se encuentran los demás.

Me llama mucha la atención que con rasgos muy precisos Jesús nos dice una característica de la caridad, cuando dice “porque ellos no tienen con qué corresponderte”, esto quiere decir, que la caridad tiene que ser realizada con un desinterés absoluto, no buscando en mi acción ningún beneficio personal.

Para que podamos vivir este amor como hoy nos lo plantea el Evangelio es necesario llenarnos de Dios, ya que sólo Él es quien nos impulsará a actuar tal como Él lo ha hecho con nosotros al entregarnos a su propio Hijo por nuestra salvación.

También este evangelio nos invita a que recordemos que no estamos en este mundo para instalarnos en él, sino que debemos poner nuestra mirada en el destino final de nuestra existencia, el cielo. Al final del Evangelio es en donde se nos recuerda eso, “ya se te pagará cuando resuciten los justos”, es decir, nuestro pago no será en esta vida sino en la otro. Por lo tanto, no busquemos construir para esta vida, sino que busquemos siempre y en todo momento edificar para la vida eterna.

No hay que desesperarnos si hoy sentimos que tenemos muchos apegos y no podemos mirar las necesidades de los demás, acerquémonos a Jesús para experimentar su amor y su gracia, y de esta forma comenzar a reconocerlo en nuestros hermanos más necesitamos que están esperando de nuestro generoso corazón.