Cuántos escándalos y anti testimonios han alejado a las personas de Dios. Hoy Jesús nos invita a fortalecer nuestra vida espiritual, a fin de que no seamos escándalo para nuestros hermanos. Te invito a descubrir qué necesitas hacer para lograrlo. Reflexionemos en el Ev de Lc 17, 1-6:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado. Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo”. Los apóstoles dijeron entonces al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería”.

En este evangelio el Señor nos invita a tres cosas en particular: no ser escándalo para nuestros hermanos más débiles, vivir el perdón ilimitado a nuestros hermanos y fortalecer nuestra fe.

Los apóstoles, siendo conscientes de su naturaleza limitada y de su condición pecadora, ellos mismos le piden al Señor que les aumente su fe para poder realizar esas dos invitaciones anteriores: vivir sin ser escándalo para los demás y perdonar siempre a todas las personas.

Nuestra fe se debilita no cuando dudamos, sino cuando nos apartamos de Dios. San Agustín decía:

Cuando te apartas del fuego, el fuego sigue dando calor, pero tú te enfrías. Cuando te apartas de la luz, la luz sigue brillando, pero tú te cubres de sombras. Lo mismo ocurre cuando te apartas de Dios.

Así como cuando estamos cerca de Dios y las cosas tienen sentido… así también, cuando nos encontramos lejos de Dios, las cosas se tornan pesadas, las dificultades nos consumen y, además, nos volvemos anti testimonio para los demás. La lejanía de Dios no nos permite ser instrumento para que otros se acerquen a Él. ¿Cuántas veces con nuestro anti testimonio algún hermano nuestro se ha apartado de Dios, de la Iglesia o de los sacramentos? ¿Cuántas veces nuestra falta de caridad o de perdón para los demás se vuelven una piedra de obstáculo para otros?

Debemos abrirle el corazón a Dios para que le dejemos transformarnos y podamos ser testimonio vivo de su amor en medio del mundo. Hoy también el libro de la Sabiduría nos habla de que necesitamos la sabiduría de Dios. Pero no debemos confundirnos, no se refiere a la sabiduría humana, la cual está relacionada con la inteligencia, sino la sabiduría de Dios es ese conocimiento interior que es producto de la acción de Dios en el corazón del hombre.

Muchas veces nuestro mundo y cada uno de nosotros dejamos que nuestro corazón y nuestro mundo sea dirigido por la sola inteligencia humana, pero no por la sabiduría de Dios. Cuando somos conducimos por la inteligencia humana, corremos el riesgo de hacer lo que yo quiero, es decir, conducirme por motivos egoístas.

Hoy el libro de la sabiduría nos dice que “la sabiduría no entra en un alma malvada, ni habita en un cuerpo sometido al pecado”. Por eso intensifiquemos nuestra vida espiritual, no permitamos que el mal o el pecado habiten en nuestro corazón, busquemos esa sabiduría de Dios, la cual nos hace actuar rectamente y no ser piedra de escándalo para nuestros hermanos.