Hoy queridos hermanos se nos invita a contemplar los inicios de la predicación de Jesús, el cual lo hace en las ciudades y los poblados de Galilea. En este día se nos hace un fuerte llamado a la conversión, lo cual se va a ver plasmada en la vivencia de la unidad.

Escucharemos en el Evangelio de Mt 4, 12-23, que Jesús inicia su ministerio en Galilea, aquí comienza su vida pública y lo hace predicando: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Su ministerio no lo comienza en Jerusalén, como se podría haber pensado, sino en Galilea. Es curioso esto, ya que Galilea, y en concreto Cafarnaúm, era una mezcla de razas y un lugar de paso de las civilizaciones, mezcla también de judíos y paganos. Galilea está en la frontera, esto quiere remarcarnos que Jesús viene a ofrecer una salvación universal.

En la segunda lectura del día de hoy tomada de la Primera Carta a los Corintios, San Pablo nos habla de un problema grave de la comunidad, y podríamos decir que actualmente sigue siendo una herida muy latente en nuestros pueblos, en nuestra Iglesia, en nuestras comunidades… la división. Escuchamos que dice San Pablo:

“Hermanos: Los exhorto, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos vivan en concordia y no haya divisiones entre ustedes, a que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar. Me he enterado, hermanos, por algunos servidores de Cloe, de que hay discordia entre ustedes. Les digo esto, porque cada uno de ustedes ha tomado partido, diciendo: “Yo soy de Pablo”, “Yo soy de Apolo”, “Yo soy de Pedro”, “Yo soy de Cristo”. ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados ustedes en nombre de Pablo?  Por lo demás, no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y eso, no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo”.

Cuando nosotros nos apartamos del encuentro con Cristo, cuando vivimos lejos de la Gracia y de su Palabra, comenzaremos a secarnos por dentro, comenzaremos a vivir en la división y lastimaremos a la Iglesia.

Corinto fue una ciudad muy difícil de unir. Había cristianos procedentes de muchas culturas, de diferentes condiciones sociales, etc. Hubo muchas divisiones y cismas, como también sucede hoy en nuestras comunidades y en nuestra Iglesia, no es algo nuevo. Había seguidores de Apolo, de Pablo, de Pedro… y eso mismo nos puede suceder a nosotros, ser partidarios de tal padre, tal evangelizador, tal grupo… menos de Cristo. Hoy el Señor nos exhorta e invita a entregar toda nuestra vida al Señor y dejar que Cristo sea nuestro pilar, nuestro cimiento, nuestro fundamento.

La invitación de este Domingo es a la conversión, la cual sólo se puede lograr cuando trabajemos por fomentar la unidad. Y la unidad se trabaja desde dentro, nunca desde fuera. Por ello, te propongo tres actitudes para que puedas trabajar la unidad:

  1. Siendo conscientes de nuestra condición de pecadores. La cual nos llevará a no juzgar al otro.
  2. Comprensión para con todos.
  3. Diálogo que lleve a reconstruir los lazos que ya se han roto.