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Cuídate del EGOÍSMO porque ciega el ser humano

El egoísmo ciega el corazón del hombre y hace cometer las más grandes atrocidades a la humanidad. Ayer hablábamos de que lo que produce la guerra en el mundo entero no son los misiles ni los intereses torcidos de ciertos grupos, sino la ausencia de Dios en el corazón del hombre y, por lo tanto, la ausencia de Dios en todos nuestros ámbitos. Hoy vemos en el evangelio que la envidia hace eliminar lo bueno que hay en el mundo.

La reflexión la quiero realizar del Evangelio Jn 11, 45-56:

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, creyeron en él. Pero algunos de entre ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y decían: “¿Qué será bueno hacer? Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación”.

Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: “Ustedes no saben nada. No comprenden que conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca”. Sin embargo, esto no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Por lo tanto, desde aquel día tomaron la decisión de matarlo.

Después de la resurrección de Lázaro, parecía imposible detener la popularidad de Jesús entre la gente sencilla. Su obrar, siempre a favor del hombre y en contra de la injusticia, lo llevó a ser rechazado por los altos poderes.

Me llama mucho la atención lo que los sumos sacerdotes y fariseos decían: “Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación”. Aquí está descrito lo que realmente le importaba a aquel grupo de hombres, que fueran a perder seguidores si dejaban a Jesús actuar libremente, les preocupaba que la gente lo siguiera.

Estas obras de amor, obras de misericordia, gestos de humildad y cercanía, y tantos milagros obrados por Jesús a favor de los más necesitados, fueron los detonantes para que aquel pueblo quisiera deshacerse de Jesús y buscara a toda costa matarlo. Esto nos dice que cuando alguien pone en peligro los intereses de una persona, se buscará eliminarlo y quitarlo del camino.

Lo anterior sucede a todos los niveles, tanto en el gobierno como en la Iglesia, en las parroquias, en las familias, en los trabajos… sucederá siempre y en todo lugar en donde los hombres no abran el corazón a Dios para que Él sea quien purifique nuestras intenciones y nos sacie con su gracia. Cuando no queremos soltar el hueso, cuando no queremos perder popularidad, cuando no queremos dejar de ser el top ten, nuestro corazón poseído por la envidia cometerá los crímenes más atroces.

Pidámosle al Señor nos ayude a purificar todas nuestras malas intenciones.

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