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Cuídate de la tristeza, la desesperación y la apatía

La Cuaresma es el tiempo en el que debemos hacer un alto para reflexionar acerca de todas las actitudes que me apartan del camino de Dios. Una actitud muy frecuente que me lleva a la tristeza y la desesperación, y además me aparta de Dios, es la apatía espiritual, es decir, la flojera para hacer las cosas de Dios.

Hoy, en la lectura del profeta Is 55, 10-11, podemos descubrir tres regalos que recibimos cuando leemos y meditamos la Palabra de Dios:

Esto dice el Señor: “Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión”.

Para poder comprender rectamente este trozo de la Palabra de Dios hay que saber el contexto. Recordemos que el pueblo de Israel se encontraba en el exilio, en donde sufría la opresión y se sentían abandonados por Dios. La realidad es que Dios no los había abandonado, sino que ellos eran los que se habían apartado de Dios.

Esta experiencia del exilio les demuestra que los caminos del hombre no son siempre los caminos de Dios, incluso esto se los recalca el profeta a los exiliados, quienes se encontraban desesperados y descorazonados porque el retorno a su Patria lo veían muy lejos.

En este texto nos podemos ver reflejados cada uno de nosotros, cuando también las dificultades de la vida nos han desesperado, desalentado o desmotivado. A veces, igual que los exiliados, no vemos cercana la hora de que se acaben los problemas. Pues si hoy tu vida o tu corazón se encuentra en esta situación, es necesario que también encuentres gusto y amor por la Palabra de Dios, pues ahí encontramos la fuerza, la luz y el discernimiento que necesitamos para salir de las situaciones que nos oprimen.

De esta parte del libro del profeta Isaías podemos descubrir 3 regalos que recibimos cuando leemos y meditamos la Palabra de Dios:

Empapa nuestro corazón seco:

Muchas veces el corazón que se ha apartado de Dios, sufre de tristeza, de soledad, de ansiedad o de angustia; es necesario volver a la fuente de agua viva para impregnar nuestros corazones de esa sabia que nos nutre. Dice el profeta que “la lluvia no regresa al cielo sino después de empapar la tierra”.

De la misma forma, la Palabra de Dios empapa nuestro corazón seco, amargado, avejentado y endurecido. Las circunstancias difíciles de la vida nos van llevando por caminos que lastiman, pues debemos acercarnos a la Palabra de Dios para poder salir de esas situaciones.

Fecunda nuestro corazón y nuestra vida:

Alguien que se da por vencido, alguien que pierde la fe y la esperanza, alguien que ya no cree en su propio cambio; es alguien que no da fruto. Y cuántas veces, a través de las dificultades de la vida, hemos perdido esa capacidad de amar, de entregarnos y de servir… todo esto nos lleva a tener una vida infecunda. No damos frutos personales ni comunitarios, nos encerramos en nuestros problemas, nos ahogamos en nuestro egoísmo y no dejamos que nada ni nadie nos ayude a salir de ahí, nos volvemos infecundos.

Hace germinar en nuestra vida las virtudes:

Si nuestro corazón estaba infecundo, era imposible dar fruto y hacer crecer algo bueno en nosotros. Pues cuando vamos alimentando nuestra vida y nuestro corazón con la Palabra de Dios, iremos dando frutos de santidad a través de las virtudes que van a ir germinando en nosotros. La Palabra de Dios nos motiva, nos alienta, nos hace recuperar la fe y la esperanza, y hace que arda en nosotros la caridad.

Así que esta Cuaresma debemos acercarnos con fe y amor a la Palabra de Dios, sabiendo que ahí encontraremos un manantial que refrescará nuestro corazón. Si ya estás cansado de esa vida aburrida, vacía y sin sabor, es necesario que te acerques a su Palabra.  

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