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¡Cuidado, nadie te asegura tener tiempo para poder arrepentirte!

Una vez un chavo se acercó y me dijo que para qué tenía que portarse bien ahorita que estaba joven, que él podía hacer lo que quisiera o portarse como le diera la gana, que al final de cuentas siempre decimos que Dios es bueno y que siempre perdona; así que hoy podía darle rienda suelta a todo y en cualquier momento Dios lo iba a perdonar.

Creo que esta mentalidad es la de muchas personas, y no sólo de jóvenes, también hay muchos adultos que piensan que pueden darle vuelo a la hilacha y en cualquier momento Dios los va a perdonar. Vamos a ver si esto es cierto. Reflexionaremos en Eclesiástico 5, 1-10:

No confíes en tus riquezas ni digas: “Con ellas todo lo tengo”. No te dejes arrastrar por tus instintos y pasiones, ni sigas tus antojos y caprichos. No digas: “Yo a nadie me someto”, porque el Señor te pedirá cuentas. No digas: “He pecado y nada me ha sucedido”, porque el Señor es paciente para castigar. No confíes en el perdón de Dios para amontonar pecado tras pecado, diciendo: “Su misericordia es grande y Él perdonará todas mis culpas”, porque en Él hay misericordia, pero también hay cólera, y descarga su ira sobre los malvados. No tardes en volverte al Señor, ni lo dejes de un día para otro, porque su furor estalla de repente y perecerás en el día del castigo. No confíes en el engañoso dinero, que de nada te servirá en el día de juicio.

De este pequeño texto podemos sacar muchas reflexiones, pero yo quisiera compartirte dos ideas muy concretas y muy directas para nosotros:

No confiar en las riquezas

Muchos basan su felicidad en sus bienes materiales o en las riquezas que han alcanzado, lo que no saben es que éstas no dan la felicidad, sí te ofrecen bienestar y comodidad, pero no te dan plenitud ni te dan la felicidad verdadera. Cuanto más vacío tienes el corazón, más cosas materiales buscar tener, porque piensas que éstas llenan tus vacíos y no es verdad.

La realidad es que cuando una persona poner su confianza en todo lo material y cuando busca de manera abrupta enriquecerse, lo único que demuestra es el vacío tan grande de su interior.

Nadie te asegura tener tiempo para arrepentirte después

Así como aquel joven que quería darle rienda suelta a las pasiones y a la vida, y no veía la necesidad de “portarse bien”, nadie nos asegura tener un momento para arrepentirnos después. Cierto es que Dios es infinitamente misericordioso y quiere siempre nuestro bien. Pero hoy, el libro de la Sabiduría, nos habla de que no podemos ser pecadores sinvergüenzas que se aprovechen de la misericordia de Dios.

Por supuesto que nos habla del amor que Dios nos tiene, pero no olvidemos que también nos habla de la cólera de Dios. Una de las cosas que siempre les digo a esos que dicen que se van arrepentir hasta el último momento argumentando que tienen a un Dios tan bueno que siempre los perdona, que no se fíen de eso, porque Dios nos hizo libres y respeta nuestra libertad, tanto así, que si toda nuestra vida le demostramos que no nos interesa cambiar y siempre le demostramos estar lejos de él, ¿quién nos asegura que al final tengamos ese momento de querer cambiar y pedirle perdón?

Una de las consecuencias de ser unos sinvergüenzas es que el corazón se va endureciendo y eso nos va insensibilizando para las cosas que verdaderamente importan. Los que se sienten seguros de lo que son o de lo que tienen, se vuelven caprichudos y soberbios y no sienten necesidad de Dios, se bastan a sí mismos y auto justifican sus pecados diciendo como decía hoy la lectura “he pecado y nada malo me ha sucedido, porque él es un Dios paciente”.

Tengamos cuidado, no vaya a ser que nos llegue el día de dar cuentas al Señor y nos agarre en pecado. Hoy es tiempo de conversión y de ofrecerle un sincero cambio en nuestra vida y de nuestras actitudes.

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