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Cuatro características del amor verdadero

Hoy queridos hermanos, el Señor nos habla, a través del Apóstol San Juan en su primera carta la importancia que tiene para el cristiano vivir en el amor. Pero hoy vamos a ver cuál es la característica más importante del verdadero amor. La cita de hoy es 1Jn 3, 11-21, de donde quiero entresacar algunas partes:

El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida y bien saben ustedes que ningún homicida tiene la vida eterna. Conocemos lo que es el amor, en que Cristo dio su vida por nosotros. Así también debemos nosotros dar la vida por nuestros hermanos. Si alguno, teniendo con qué vivir, ve a su hermano pasar necesidad, y sin embargo, no lo ayuda, ¿cómo habitará el amor de Dios en él?

Hijos míos, no amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad, y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total.

Hace unos días San Juan nos invitaba a alegrarnos porque somos hijos de Dios y nos invitaba a vivir conforme a esa dignidad por pertenecer a la familia de Dios. Hoy San Juan nos habla de que el auténtico seguidor de Jesús es el que vive en el amor. De esto desprendemos cuatro aprendizajes para nuestra vida:

La iniciativa procede de Dios:

Todos nos hemos visto beneficiados al experimentar su infinito amor, ya que Dios envió a su único Hijo, el cual murió en la cruz por nuestros pecados. Lo primero que debemos hacer, para poder amar de verdad, es abrirnos al amor de Dios. Dejarnos experimentar su amor es estar cerca de Él, abrirnos a su Gracia. Dice un dicho muy común: “Nadie da lo que no tiene”. No podemos pensar en amar a los demás, cuando no hemos experimentado el amor de Dios en nuestro corazón.

El amor no es un sentimiento, sino una decisión:

Muchas parejas creen que están amando sólo por sentir bonito porque están con su pareja o con sus seres queridos. Amar no es sentimiento, sino una decisión de perfección. Una decisión que se nos invita a vivir a ejemplo de Cristo. Créeme que Cristo no sentía bonito que lo rechazaran, no sentía bonito cuando lo crucificaban, no sentía bonito cuando lo insultaban, no sentía bonito cuando lo rechazaban… pero su decisión de entregarse a la Voluntad del Padre lo llevó a amar de verdad.

El amar de verdad genera vida:

“El que no ama permanece en la muerte”. Sólo el que ama vive de verdad, porque es capaz de salir de sí mismo, de sus propios intereses y exigencias, para ponerse en el lugar del que sufre, del que pasa hambre y necesidad, del que se preocupa por el marginado.

Sólo el que ama con un corazón generoso puede ser hospitalario y acogedor con todos, aunque no sean simpáticos, amables, buenas gentes. Cuando, por el contrario, nuestras actitudes son de egoísmo, de envidia, de rencor, de soberbia, de rivalidad, de crítica mordaz… nuestras actitudes hirientes causan la muerte a los demás. Recordemos que hay muchas maneras de asesinar al hermano: con nuestros chismes, juicios, condenas, actitudes, con la hipocresía y los rencores.

Al final de la vida seremos evaluados en el amor:

Recordemos que, según el Ev. de Mateo, el juicio final para el cristiano será sobre si ha amado o no a su prójimo, sobre todo a los que estaban necesitados. Hoy nos recuerda lo mismo San Juan: “no amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras”.

¿Cómo estamos viviendo nuestra vida? ¿Amamos al hermano hasta las últimas consecuencias como Cristo que murió en la cruz? ¿Sólo de apariencias? El Papa Francisco en el 2013 en la Beatificación de varios mártires españoles decía que pidamos la intercesión de los mártires y aprendamos de su testimonio para no ser cristianos mediocres, o cristianos barnizados.

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