Enciéndete

Cuántos ruidos te ensordecen y no te dejan escuchar a Dios

Que si yo quiero, que si yo necesito, que si yo voy a lograr… ¡No vayas tan deprisa! Haz un alto en tu vida llena de “yos”, escucha y respóndete si alguna vez pensando en tu futuro ¿No has sentido a veces el temor de no realizarte como persona? ¿No sientes que dentro de toda esa estructura ya planeada queda aún un vacío? Si es tu caso, es porque tu vida está llena de ruidos que te atrapan y consumen, impidiéndote descubrir la voz de Dios.

Hay mucha gente que navega por el mundo sin sentido, con aire de tristeza y sin esperanza alguna, es porque que han intentado llenar sus vacíos con las cosas del mundo. Al contemplar a la Virgen María, la mujer del silencio, descubrimos la clave que nos asegura la felicidad. El Evangelio dice que María guardaba todas las cosas meditándolas en su corazón (Cf. Lc 2, 19), y lo hacía porque, sólo en la intimidad del corazón, es en donde se pueden escuchar y comprender las palabras de Dios.

Un árbol grande y frondoso, cuyas raíces deben ser fuertes y profundas, generalmente no muestra esas raíces de donde se nutre y alimenta, pero es de ahí de donde toma fortaleza y vigor para cobijar con su sombra. El silencio es como esa raíz que alimenta y aviva, ya que cuando estamos en silencio, acallamos los sentidos para enraizarnos y escuchar en el interior los gritos del Padre que nos quiere guiar.

María ha sido una gran suma de silencios. Guardó silencio ante la confusión de José y frente a la vida pública de Jesús, calló ante la muerte de José aún cuando pudo haberle pedido un milagro a Jesús, incluso guardó perfecto silencio ante la muerte de su Hijo; todo esto para que se cumpliera la Voluntad del Padre.

En la medida en que aprendes a escuchar en el silencio, aprendes a amar de verdad, ya que un corazón silencioso se goza en el verdadero amor, que lo lleva no sólo a Dios sino a toda creatura de la tierra. El silencio no es ausencia, sino presencia que cautiva y enriquece, como María, que al estar unida a Dios estará siempre unida a los hombres.

Cuando contemplamos a la Virgen María en un silencio perfecto, nos pudiera surgir la pregunta ¿Qué hacía solitaria tantas veces María sin predicar, quizá sin comer o sin dormir? La respuesta es muy sencilla ¡Contemplaba en el silencio! Por eso, si tú también buscas la paz y la felicidad, adéntrate en el silencio, para que puedas escuchar la voz de Dios en tu interior. A ejemplo de María, hay que guardar silencio no para quedarse callado, sino para que en uno pueda resonar la Palabra Eterna pronunciada por el Padre.

Mostrar más
Cerrar
Ir a la barra de herramientas