Quiero compartirte que si hay algo que no tolero y me enoja muchísimo son las mentiras. Cómo duele cuando te enteras o descubres que alguien cercano te echa mentiras. Y todavía es más feo cuando te agarras constantemente a alguien en la mentira y que cada que te dice algo nuevo te dice: te lo juro que ahora sí es verdad.

El Señor hoy quiere enseñarnos el modo de portarnos en relación a la verdad. El Evangelio que reflexionaremos es de Mt 5, 33-37:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.

Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.

Hemos escuchado a lo largo de estos días el Sermón en la montaña en el que el Señor realiza ciertas antítesis entre el Antiguo Testamento y los nuevos criterios de vida que Jesús enseña a sus discípulos. Ya hemos escuchado en días anteriores el referente a la caridad y a la fidelidad entre los matrimonios; hoy, se nos habla del modo de portarnos en relación a la verdad.

Ayer, San Pablo nos recordaba que somos vasijas de barro, esto mismo hoy nos hace nuevamente ver que la palabra humana es frágil y pierde credibilidad ante los demás, sobre todo si ya nos han agarrado en la mentira o en exageraciones. ¿Qué hacemos? Recurrimos al juramento, porque al ser lo más sagrado que tenemos, lo utilizamos con tal de que esta vez sí nos crean. Pero hoy, lo que Jesús quiere enseñar en el fondo de las cosas es el amor a la verdad.

Debemos aprender a decir las cosas como son, con sencillez, sin ponerle ni quitarle nada, sin complicaciones, sin añadidos, sin mutilaciones, sin manipular las cosas como son. Por eso hoy me gustaría que nos preguntáramos cada uno de nosotros ¿qué tanto vivimos en la verdad? ¿qué tanto somos sinceros en todo con nuestros mismos, con nuestros amigos, con nuestros compañeros o con nuestros familiares?

Hoy en día en que vivimos muchas relaciones virtuales por las redes sociales, comenzamos también a vivir vidas virtuales y esto nos lleva a vivir constantemente en la mentira y en la falsedad. Cuántos mensajes de WhatsApp, cuántas dobles identidades en Facebook, etc. Debemos aprender a dejarnos llevar y vivir en la verdad.

San Pablo en la primera lectura de hoy dice que el que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado; ya todo es nuevo. Cuántas veces seguimos atados a relaciones pasadas, a pecados pasados, a situaciones en el pasado me dañaron, pero yo sigo atado a ellas sin poderme desprender y esto me lleva a vivir oculto, me lleva a vivir en el engaño, en la mentira, a no ser sincero con los demás.

Pidámosle al Señor que nos aumente el amor a su Persona para que podamos dejarnos llevar únicamente por la verdad y seamos auténticos para con todos.