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Cuando falta nuestra cooperación, también la ayuda de Dios pierde su fuerza

Hace unos meses un joven con aspecto de estar enojado se me acercó para preguntarme por qué Dios era indiferente ante el sufrimiento de sus hijos, me le quedé mirando y veía en sus ojos una tristeza muy grande, en realidad había un vacío un profundo. Le pregunté por qué creía eso y me dijo que a su primo lo habían matado y que Dios no había hecho nada para impedirlo.

Cierto es que Dios nos protege, nos ayuda, nos bendice y nos ilumina, pero cuando la persona no quiere aceptar esa ayuda de Dios, se aleja de Él y decide vivir sus propios caminos, Dios no nos violenta. Este joven había estado metido en las drogas por mucho tiempo y su muerte fue una especie de venganza.

Hoy vamos a descubrir que Jesús sigue caminando a nuestro lado, pasa siempre y nos llama, pero la pregunta sería ¿Nosotros aceptamos ese llamado de felicidad que nos hace? ¿Somos dóciles para dejarnos guiar por donde él quiere? ¿Nos hemos dejado transformar por su presencia? En el Evangelio de hoy, tomado de Mt 4, 18-22, veremos donde Jesús llama a Pedro y Andrés para que lo siguieran:

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Hoy estamos celebrando la fiesta San Andrés Apóstol y vemos el llamado que Jesús le hizo, pues esa invitación a seguirlo que Jesús hace a lo largo de toda la historia aún no termina, porque sigue llamando a hombres y mujeres, para que continuemos la obra que Él ha iniciado.

Pero el llamado a estar con él, a dejarnos transformar, a dejarnos guiar por él, es para todos. Todos somos llamados a seguirlo y a cooperar con él para transmitir la Buena Nueva del Evangelio. San Juan Crisóstomo decía: “Cuando falta nuestra cooperación, también la ayuda de Dios pierde su fuerza”, es decir, Dios nos llama, nos pone los medios, nos da las herramientas necesarias, suscita personas que nos quieran ayudar, pero si nosotros no queremos y nos empeñamos en seguir en nuestros caminos pecaminosos, Dios no violenta nuestra libertad.

Esta idea de la evangelización la refuerzo con la primera lectura de hoy de Rm 10, 9-18, donde San Pablo nos dice: “la fe viene de la predicación y la predicación consiste en anunciar la palabra de Cristo”. Urge que primero conozcamos al Señor y nosotros seamos los primeros enamorados de Cristo, para que podamos hacer brotar de nuestro interior el deseo de compartir la Palabra del Señor.

Sólo el enamorado es capaz de enamorar a los demás. Por eso debemos dejarnos transformar por la Palabra de Dios y por la Eucaristía para que podamos salir a ser testimonio de ese amor del Señor. Dice el dicho que las palabras convencen, pero el testimonio arrastra. Hoy vemos que el Señor llama a Andrés y éste, a su vez, introduce a su hermano Pedro en el seguimiento de Cristo.

Hay varios testimonios de santos que con su entrega y su testimonio de vida lograron muchas conversiones: San Antonio de Padua quien, uniéndose al trabajo del pueblo, supo ganarse al pueblo; o bien, Santa Rita de Casia, que con su perseverancia en el amor logró la conversión de su esposo que era un asesino y de su familia política; o bien, San Francisco de Asís, quien, con la perfecta coherencia de su vida, supo gritar al mundo el Evangelio.

Hoy es nuestro tiempo de cambiar, de hacer algo para que nuestro corazón se vuelva a encender y llevemos al mundo el Evangelio. Los discípulos inmediatamente dejaron todo y lo siguieron. En ocasiones son muchos los impedimentos de nuestro corazón para tener un arranque generoso, dejarlo todo y seguir a Jesús, como son: miedos, temores, inseguridades, afanes de dinero o prestigio, pasiones desordenadas, etc. ¿Cuáles son los impedimentos de tu vida?

Muchas veces nuestro corazón se encuentra seco o en un cierto desierto espiritual. No te preocupes, porque un lugar en donde hay mucha paja seca, entre más seca se encuentre, basta una pequeña chispa para que toda quede incendiada en segundos. Si hoy tu corazón no encuentra el amor y está seco, pídele esa chispa de amor al Espíritu Santo para que quede totalmente encendido y salgas al mundo a predicar con tu testimonio.

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