El domingo 16 de octubre de 2016, el Papa Francisco declaró Santo al joven mártir michoacano José Sánchez del Río, dentro del Jubileo extraordinario de la Misericordia. Hoy celebramos su memoria y la invitación es a que nosotros también seamos mártires de Cristo, a través de la vivencia coherente de nuestra fe y de nuestro seguimiento radical al Señor.

A éste niño mártir se le conoce en su tierra natal como Joselito, el cual nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo. Cuando en 1926 estalló la así llamada “Guerra Cristera”, sus hermanos se unieron a las fuerzas rebeldes al régimen, violento y anticristiano, que se había instaurado en el país. En el corazón de Joselito ardía el amor a Cristo y el amor a sus hermanos, por ello también él decide, con permiso de sus padres, unírseles en trabajos que no implicaban el uso de las armas. Estando en ese movimiento el 25 de enero de 1928, en el curso de una violenta batalla, fue capturado y llevado a su ciudad natal, donde fue encarcelado en la iglesia parroquial, que había sido profanada y devastada por los federales. Le hicieron la propuesta de huir para evitar la condena a muerte, pero él la rechazó.

Durante su detención, incitándolo a que renegara de su fe y de su amor a Cristo, fue cruelmente torturado y obligado a asistir al momento en que ahorcaron a otro muchacho que estaba prisionero con él. Entonces le desollaron las plantas de los pies y lo obligaron a caminar hasta el cementerio. Allí, puesto ante la fosa donde sería enterrado, lo apuñalaron sin darle muerte, pidiéndole de nuevo que renegara de su fe. Pero José, cada vez que lo herían, gritaba: ‘¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!’.

Finalmente, fue ejecutado con un disparo de arma de fuego. Era el 10 de febrero de 1928”. Tenía casi 15 años de edad. Tres días antes había escrito a su madre: ‘Resígnate a la voluntad de Dios. Yo muero contento porque muero al lado de nuestro Señor. En el cielo nos veremos’.

La santidad no se improvisa, sino que se va conquistando todos los días mediante nuestra entrega generosa al Señor. El día de la canonización de Joselito, junto a la de otros santos, el Papa Francisco señaló en la homilía que los nuevos santos han alcanzado la meta, han adquirido un corazón generoso y fiel, gracias a la oración: han orado con todas las fuerzas, han luchado y han vencido.

Como todo en la vida, siempre hay momentos de desgaste y cansancio, por eso, el Papa ha asegurado que el cansancio es inevitable, y en ocasiones ya no podemos más, “pero con la ayuda de los hermanos nuestra oración puede continuar, hasta que el Señor concluya su obra”.

La vida de santidad se va construyendo en la medida en que nos decidamos estar cerca de Dios. Además, el Papa Francisco nos dice que la santidad se va conquistando en la medida en que vamos favoreciendo a conversión todos los días en nuestra vida:

“La conversión, todos los días: ‘Ah, Padre, pero para convertirme tengo que hacer penitencia, tengo que fustigarme…’. No, no, no: conversiones pequeñas. Pero si eres capaz de no hablar mal de otro, estás en el buen camino para ser santo. ¡Es así de sencillo! Yo sé que vosotros nunca habláis mal de nadie ¿no? Pequeñas cosas… Me apetece criticar al vecino, al colega de trabajo: ¡muérdete un poco la lengua! Se hinchará un poco, pero el espíritu será más santo, en este camino. Nada de grandes mortificaciones: no, es más sencillo. No volváis atrás, siempre adelante ¡con fortaleza!”

Encomendemos nuestra vida al Señor y decidámonos a ser santos.