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¿Cómo salir de todas las preocupaciones del corazón? Te regalo 2 consejos para ello

¿Cuántas preocupaciones llevas en tu corazón que te quitan la paz? ¿Cuántas cosas te agobian y te hacen perder la concentración en lo que haces? Hoy quisiera regalarte, inspirado en el Evangelio de hoy, dos consejos prácticos para que puedas regresarle la calma, la paz y la tranquilidad a tu corazón y, por ende, vivas feliz.

El Evangelio que vamos a reflexionar está tomado de Lc 21, 34-36:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.

Este Evangelio breve nos habla de dos advertencias que nos hace Jesús: que tengamos mucho cuidado para que no se nos entorpezca la mente y que no descuidemos la vida de la oración estando vigilantes, para que cuando llegue el Hijo de Hombre, no nos agarre desprevenidos.

Quisiera detenerme un momento en la primera advertencia de Jesús, ya que considero que es una causa muy actual que hace que las personas nos olvidemos de las cosas que verdaderamente importan y vivamos vidas vacías y superficiales. Todos tenemos el peligro de caer en la distracción de las cosas importantes, nadie estamos exentos del riesgo de que la mente se nos entorpezca o se nos embote, es decir, que no pongamos nuestra atención y nuestra mirada en lo que tenemos que enfocar.

Hoy, el mismo Jesús nos da 3 causas del porqué sucede esto, éstas son: cuando nos encontramos en los vicios, en la embriaguez o cuando permitimos que todas las preocupaciones de la vida nos roben la atención. Pero, Jesús no se refiere a las preocupaciones que nos llevan a comprometernos por los demás, por ejemplo: a mí me puede preocupar el que mi familia se encuentre dividida y eso me puede llevar a ocuparme en orar más para crear lazos de unidad, o bien, acercarme con quien es la causa de la división y platicar tranquilamente.

A lo que Jesús sí se está refiriendo es a todas aquellas situaciones, circunstancias o, incluso, relaciones interpersonales dañinas que no me dejan confiar en el Señor, que me roban la paz, que apartan mi mirada de las cosas eternas y me hacen estancarme en las cosas terrenales.

Todos tenemos el peligro de habituarnos a comportamientos torcidos y engañosos, los cuales nos crean vicios, adicciones y dependencias; lo cual nos lleva a que se oscurezca nuestra mente, nuestra esperanza y, por ende, también nuestra caridad. Y lo peor es que, cuando ya nos vemos dominados por esto, quedamos expuestos a realizar los mayores disparates sin darnos cuenta de ello, robándonos la paz, la alegría y la tranquilidad.

Por eso, los consejos que te doy y que, en realidad, nos los da Jesús en el Evangelio, son: mantenernos en activa vigilancia y la práctica constante de la oración. Debemos mantenernos siempre vigilantes, despiertos y despabilados. Cuando no vigilamos constantemente, el demonio que conoce nuestras debilidades, nos presenta siempre motivos aparentemente válidos para apartarnos del encuentro con el Señor.

La vigilancia nos ayuda a mantenernos libres, ya que cuando hemos caído en lo que hoy nos dice Jesús: los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de la vida; todo esto nos quita nuestra libertad, porque nos exige interiormente, nos controlan y nos hacen ir a donde, muchas veces, no queremos ir. Necesitamos ser libres y estar despiertos para poder dar una respuesta eficaz al Señor.

Además, necesitamos afinar nuestro sentido espiritual, para que podemos percibir la voz de Dios. El segundo consejo que es la práctica constante de la oración es también muy importante, ya que ésta nos ayuda a leer los signos de los tiempos y nos da la fortaleza necesaria para poder alejarnos de lo que nos ata y aparta de Dios.

Mañana iniciamos el Adviento, ojalá que estas dos actitudes, la vigilancia activa y la constante oración, las practiquemos en este tiempo para fortalecer nuestra vida espiritual.

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