Muchas veces vamos caminando por la vida tristes, cansados o desanimados. Debemos hacer que nuevamente nuestro corazón vuelva a experimentar la alegría. Hoy, queridos hermanos, celebramos la fiesta del Apóstol San Andrés. Andrés era hermano de Pedro y ambos se dedicaban a la pesca. En el Evangelio de hoy, tomado de Mt 4, 18-22, veremos donde Jesús les hace el llamado a seguirlo a Pedro y Andrés:

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

La invitación a seguirlo que Jesús hace a lo largo de toda la historia aún no termina, porque sigue llamando a hombres y mujeres, para que continuemos la obra que Él ha iniciado. Todos somos llamados a seguirlo y a cooperar con él para transmitir la Buena Nueva del Evangelio. San Juan Crisóstomo decía: «Cuando falta nuestra cooperación, también la ayuda de Dios pierde su fuerza». Así que hoy pidámosle al Señor que nos haga arder en nuestro corazón para que podamos salir a predicar con el testimonio de vida.

Esta idea de la evangelización la refuerzo con la primera lectura de hoy de Rm 10, 9-18, donde San Pablo nos dice: “la fe viene de la predicación y la predicación consiste en anunciar la palabra de Cristo”. Urge que primero conozcamos al Señor y nosotros seamos los primeros enamorados de Cristo, para que podamos hacer brotar de nuestro interior el deseo de compartir la Palabra del Señor.

Sólo el enamorado es capaz de enamorar a los demás. Por eso debemos dejarnos transformar por la Palabra de Dios para salir a ser testimonio de ese amor del Señor. Dice el dicho que las palabras convencen, pero el testimonio arrastra. Hoy vemos que el Señor llama a Andrés, éste a su vez introduce a su hermano Pedro en el seguimiento de Cristo.

Hay varios testimonios de santos que con su entrega y su testimonio de vida lograron muchas conversiones: San Antonio de Padua que uniéndose al trabajo del pueblo supo ganarse al pueblo; o bien, Santa Rita de Casia, que con su amor perseverante logró la conversión de su esposo que era un asesino y de su familia política; o bien, San Francisco de Asis quien con la perfecta coherencia de su vida supo gritar al mundo el Evangelio.

Hoy es nuestro tiempo de cambiar, de hacer algo para que nuestro corazón se vuelva a encender y llevemos al mundo el Evangelio. Los discípulos inmediatamente dejaron todo y lo siguieron. En ocasiones son muchos los impedimentos de nuestro corazón para tener un arranque generoso, dejarlo todo y seguir a Jesús, como son: miedos, temores, inseguridades, afanes de dinero o prestigio, pasiones desordenadas, etc.

Muchas veces nuestro corazón se encuentra seco o en un cierto desierto espiritual. No te preocupes, porque un lugar en donde hay mucha paja seca, entre más seca se encuentre, basta una pequeña chispa para que toda quede incendiada en segundos. Si hoy tu corazón no encuentra el amor y está seco, pídele esa chispa de amor al Espíritu Santo para que quede totalmente encendido y salgas al mundo a predicar con tu testimonio.