Una de las cosas que aterran y atemorizan a la mayoría es el tema de la muerte. Muchas veces vivimos nuestra vida como si fuéramos eternos en este mundo, sintiendo que estaremos aquí para siempre, pero cuando experimentamos la pérdida de un ser querido o de alguien muy cercano, lo que vemos frente a nosotros es un cadáver y surge la pregunta ¿por qué a él?

San Pablo nos recuerda que los que murieron en Jesús, Dios los lleva con Él. Veamos lo que le dice a la comunidad de Tesalónica en 1Tes 4, 13-18:

Hermanos: No queremos que ignoren lo que pasa con los difuntos, para que no vivan tristes, como los que no tienen esperanza. Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que, a los que murieron en Jesús, Dios los llevará con Él. Lo que les decimos, como palabra del Señor, es esto: que nosotros, los que quedemos vivos para cuando venga el Señor, no tendremos ninguna ventaja sobre los que ya murieron.

Éstas son unas palabras bellísimas y que nos deben llenar el corazón de alegría y esperanza, saber que, si morimos en Cristo, el mismo Dios nos llevará con Él. Y estando con Dios ¿qué nos podría faltar? No debemos mirar la muerte de los seres queridos como un final trágico sin esperanza, ya que sabemos que la muerte no es el final de la historia, sino el principio de una eternidad para vivirla con Dios.

Pero ahora viene una pregunta interesante y que a veces ignoramos ¿Qué significa morir en Jesús? Pues que en el momento de la muerte estemos en gracia de Dios. Recordemos que la gracia que se nos da en los sacramentos nos une a Dios, estrecha nuestra amistad con Él; mientras que cuando nos encontramos en pecado, éste nos aleja de Dios, rompe y fractura nuestra amistad con Él y nos separa de Él. Quiere decir que cuando estamos en pecado, no estamos en Jesús.

Lo anterior nos debe hacer reflexionar ¿cómo nos encontramos en este momento? ¿de qué lado estamos? ¿de Jesús por estar en estado de gracia, por vivir frecuentando los sacramentos, o bien, de lado del pecado? Me llena de temor ver a tantos hermanos nuestros que no se quieren acercar a la gracia, que la rechazan de una manera decidida. Muchos dicen, yo me confieso directamente con Dios, yo no necesito de los sacramentos.

Recordemos que sólo los que mueran en gracia de Dios, sólo aquellos que, al llegar nuestro momento de encontrarnos con el Señor, son hallados en relación con Jesús, serán llevados con Él. Esto no debería ser algo que nos atemorice, sino que nos impulse a vivir más estrechamente ligados a Dios.

No vivamos pues con desesperanza respecto de la muerte, ya que ésta no tiene la última palabra, Dios nos tiene destinados a la vida, no a la muerte. No te olvides de que Jesús nos dijo: “El que come mi Carne y bebe mi Sangra, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”. Es la misma invitación a vivir en los sacramentos, ya que son los que nos dan la vida eterna. Así que ya sabes, si quieres que tu muerte tenga sentido, prepárate a vivir en estrecha relación con Dios, a través de la vivencia de la gracia, para que así, muriendo en Jesús, Dios te lleve con Él.