Todos estamos buscando siempre la felicidad e intentamos relacionarnos con las personas que nos llevan a ella, lástima que a veces no lo logramos. Hoy estamos celebramos la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel, por eso quiero que reflexionemos en el texto de Lc 1, 39ss:

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Estamos terminando el mes de mayo, en el que se recuerdan a las madres, y lo hacemos con el testimonio de María Santísima, quien ya encinta va a visitar a su prima Isabel. Hoy quiero que tomemos a la Virgen María como nuestra guía, ya que ella es la que mejor nos puede guiar hasta su Hijo Jesús, debido a la profunda e íntima relación con este Misterio. Desde la Encarnación del Verbo en su vientre, ella se convirtió en el primer Sagrario viviente, por lo tanto, es quien mejor nos puede enseñar a relacionarnos con su Hijo Jesucristo.

Por ello, hoy quiero ofrecerte cuatro puntos de reflexión basados en este texto:

  • María nos enseña a tener un gran espíritu de servicio.

Este texto de la Visitación me pone a pensar que muchas de las madres que se encuentran embarazadas están esperando el chiqueo, el apapacho y el cariño. Pero con la Santísima Virgen María no sucede así, sino que ella, consciente de quién es a quien lleva en su seno sale presurosa a ponerse al servicio de su prima Isabel. Ella no espera a que le sirvan, sino que el Amor por excelencia que lleva en su vientre la impulsa a servir. María siempre está en camino, en constante búsqueda de momentos para servir.

Ella nos enseña que aquel que recibe a Jesús en la Eucaristía debe de ir a compartirlo con todos, debe tener un profundo celo apostólico, nos debe impulsar a pregonar el amor de Dios a todo el que tenga hambre y sed de Dios.

  • Quien lleva a Jesús en su corazón produce alegría en los demás.

Escuchamos en el texto que dice: “En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno”, aquella persona que lleva en su corazón y en su interior la pureza de la gracia, la fuerza de la oración siempre será bendición y fuente de alegría para los demás. Esto me lleva a preguntarme, con todas las personas que visito ¿acaso se alegran y saltan de gozo con mi presencia? O más bien ¿mi presencia resulta incómoda y fuente de tristeza para los demás?

  • Siempre debemos comunicar al Espíritu Santo.

El texto dice que una vez que María visitó a Isabel, ésta quedó llena del Espíritu Santo. Esto nos enseña a que nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras acciones y nuestras obras siempre comuniquen al Espíritu Santo, es decir, que seamos bendición para los demás. En el saludo de María se comunica la gracia del Espíritu Santo, qué hermoso sería que cada que abriéramos la boca comunicáramos la gracia de ese amor infinito, pero lástima que a veces cuando abrimos la boca sólo es para la crítica, el chisme, la calumnia, la difamación, etc.

  • Cuando comulgamos pasamos a ser aquello que recibimos.

San León Magno dice: “Nuestra participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo no tiene otro objetivo que convertirnos en aquello que comemos”. Esto quiere decir que cuando comulgamos nos cristificamos, es decir, que pasamos a ser aquello que recibimos, se debería dar una unión total de nosotros con Cristo. Pero a veces, nuestra poca disposición para la recepción de la gracia hace que ésta sea ineficaz, y no porque la gracia no sea eficaz por sí sola, sino porque nosotros no estamos dispuestos.